Vistas de página la semana pasada

lunes, 2 de marzo de 2009

Slumdog Millionaire



Supongo que dado los tiempos que corren al personal se le debió de quedar cara de Benjamín Button precisamente viendo pasar una tras otra estatuilla sin detenerse por delante de Brad Pitt preguntándose si una gran interpretación contrasta con el resultado de los “oscar” ante otras grandes interpretaciones, pero desconocidas por el mercado y duras y salvajes en la vida misma. Debo de confesar que “Slumdog millionaire” me ha causado lo que hacía el tiempo el cine no me decía. Ya saben, si no la han visto, la película gira en torno a un joven concursante de “¿Quieres ser millonario?” que antes de enfrentarse a la última de las preguntas es secuestrado y torturado por la policía india porque sospechan que este chaval repartidor de te, analfabeto y pobre, haya podido amañar las respuestas. Sin enfrentarnos al final de la película, que es lo de menos, lo que lleva a conmover el espíritu del espectador es precisamente la respuesta de Jamal a sus verdugos: las respuestas a las preguntas estaban en su vida, desde niño hasta ese mismo instante en que aún el concurso no ha acabado.
Pasa la película, por tanto, por la dureza de uno de los suburbios de Bombay, la indigencia infantil y la crueldad, la inmisericordia y el terror de asomarse pese a todo un día más a la vida desde la sonrisa de un niño -el fascinante actor que apareció tras el “oscar”,- que no cejará de buscar la complicidad del amor mismo. Esa mirada sobre India es tan real como la palabra que nos da la novela de Vikas Swarup y que ha servido para que Simon Beaufoy firme el guión oscarizado junto a la espléndida dirección de Danny Boyle. Sí, una película dura, como suele decirse, ruda y sincera hasta el tuétano también. Y, además, una gran película. Si me permiten y uno no olvida los días de festival hace años gracias a este periódico, guarda la película una escueta lección de cine: el desdoblamiento narrativo que posee es fascinante, apoyado en un meritorio y también premiado montaje pero debido indudablemente a la adaptación de un guión fuerte, reforzado en un ritmo intenso y una narración espléndida. No nos cuenta una historias en paralelo, lo que sucede se guarda en la memoria del personaje y en ese juego la película posee una magia de difícil baile entre los periodos de la narración: el antes y ahora con el instante inmediato. Eso es oficio de maestros cuando se cuenta algo y en la película, por ello, hay momentos encomiables de gran cine. ¿Contar historias? ¿Contar una historia?. He ahí el difícil reto por el que un día Manckiewitz nos hizo espectadores de “Eva al desnudo”. Pues bien, uno piensa que en “Slumdog Millionaire” hay momentos para percibir lo genial.
Pasa el cine por enseñarnos también mucho de la vida y hacernos críticos frente a todo, tal como duele esta historia cruda donde la ternura y la buena factura de la historia así contada nos conmueve.No es de extrañar que mientras Penélope dedicaba el suyo a Alcobendas el niño indio escrutase un sonrisa fascinante junto a los actores que habían hecho el papel de crueles, mientras le abrazaban y protegían ante el premio más grande del cine.


miércoles, 21 de enero de 2009

Eureka

Cuentan que Arquímedes, cansado de ver la cantidad de agua que perdía cada vez que se metía en la bañera consideró una vez el hecho positivamente y salió corriendo a la calle, desnudo y salpicando a los viandantes a quienes gritaba: “¡Eureka! ¡Eureka!.”. Aquello era parte de su principio y el fin también de algunos idiotas. En realidad el bueno de Arquímedes había encontrado algo y por ello tiró del palabro histórico que siglos después Edgar Allan Poe utilizara también para componer una compleja y magnífica reflexión en torno del universo, breviario del significado del cosmos y trasunto de Dios, que consideró lo mejor de su obra. Estaba alucinado, nadie creyó en él y pese a la impecable sagacidad e inteligencia de quien ahora se cumplen doscientos años de su nacimiento, murió solo, perdido y borracho al doblar una de las calles lumpen de Filadelfia. Pues bien, entre el hecho de Arquímedes, la referencia de Poe y la investidura de Obama el universo sigue estando ahí arriba, pese a los satélites del google heart donde uno puede ver el tejado hipotecado de su casa y el resto de hipotecas colindantes en la recesión que vivimos. Época de depresión ésta, sí, a expensas de no atisbar nada que indique que ni Solbes ni Zapatero ni el mismo Obama presuman de salir mañana, desnudos o vestiditos, qué más da, a la calle que ya es hora de gritar eso de “¡Eureka!” y confiar ilusión en la vida de las gentes. Se hace difícil, pero quizá sea el trabajo de ilusionista el único que ahora puede testimoniar algo de luz sobre la realidad palpitante. Puede que, en el fondo, los arquímedes de hoy los poe de mañana trabajen ya como arduos burócratas a las órdenes de los lobbies, los gestores empresariales, las caras ocultas del poder sobre el cual el engranaje político proclama su propaganda. Lo que sucede es que de aquellos originales que dieron con el principio y con la fe nos queda el legado para explicar el sentido que hoy adquieren las cosas en torno a la imbecilidad contagiosa, la avaricia desproporcionada, la codicia imperante, el rencor furibundo, la penosa tesis de la envidia y el espantoso concepto del odio como animador común de la feria de vanidades que nos rodea. Éste es el nuevo principio de Arquímedes, lo que desborda la bañera y se escapa al tirar de la cadena en la sede de las bolsas internacionales, los consejos de administración de los bancos, la guerra de la cajas, los acuerdos financieros, las transacciones y los intereses creados. Todo tiene un precio: la bolsa o la vida, como el juego infantil que seguía con el botón de la barriga. He aquí el espectáculo de Poe, adivinador de cierto terror que viaja más allá de la literatura pues todo parece depender del pozo y el péndulo por donde gravita la vida de los mortales. Dedicaba Poe su gran obra sobre el Universo : “a los pocos que me aman y a quienes yo amo, a los que sienten más que los que piensan, a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades”. Deseaba que su obra se juzgase como poema después de su muerte.
Es un gran refugio.

jueves, 15 de enero de 2009

Teoría del esperpento

Anda preocupada ella por no encontrar un jersey de cuello alto en Rebajas pues no los hay, -no busquen-, como si la lectura de “Gomorra” de Roberto Saviano le hubiera salpicado el secuestro de jerseis de cuello alto y los ladrones de guante blanco estuviesen detrás del asunto. Anda soliviantada con el tiempo, con los bajo cero, con el hielo y la pascua que hace la nieve cuando deja de ser un verso de Lalo Bartol en los dedos de la infancia y ahora es un problema. Anda rebotada con la derecha y la izquierda también de este país, común denominador una de la otra entre estupideces banales y ridículas, patéticas justificaciones, ninguna dimisión ¿y cuándo las hubo? ¿y cuándo las habrá?, como si el pasado hiciera valer el presente. ¿El futuro también?, lo que convierte a los políticos en botarates de la indecencia y en valedores de sus bolsillos, ruindades humanas e indecentes, y anda en fin la amiga con ganas, por tanto, de declararse en abstención permanente o transitoria como si el ejercicio de la política le hubiera otorgado cierta invalidez por falta de crítica frente a todo, de responsabilidad frente a los ciudadanos y de sensatez como honestidad. Se pregunta qué cara hay que tener para pedir explicaciones y para responde sobre el colapso de un aeropuerto cuando en este país hay más de tres millones de parados, o sea, más que toda la población de Castilla y León junta, que ya es decir por su hecho referencial. Imagina ella que nos pusiéramos a ver pasar las nubes toda la población de la comunidad autónoma frente a la tragedia de la vida y no saber cómo saldrá el sol al día siguiente. Anda queriendo cambiar de cadena en la tele, de dial en la radio, de página en el Quijote pero nadie le dice nada que tenga sentido propio ni sentido común. Así que se encuentra como decía Joyce, en la tesitura de creer que “ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema”. Algo así.
Anda pensando en cómo parar a Israel, aunque sea sólo como señal de protesta viva contra la barbarie, en conocer los gases que están experimentando los militares isralíes con la población palestina. Mientras, apura ella también una reflexión sobre el terrorismo machista contra la mal llamada violencia de género y al tiempo que vomita por el empacho de jueces y pilotos contra los mortales de aquí abajo, todo ella es en sí una muralla frente a todo. Pero esta mañana le ha entrado una carcajada y no ha parado hasta que esto escribo de reir y reir al enterarse que tanto el PSOE como el PP han puesto a trabajar uno a su “Laboratorio de ideas” y el otro a los pensionados de la FAES para acometer una definición sobre el estado de las cosas y sobre el mundo. Y en esas estamos mi psiquiatra y yo, riendo, socavando esa corte de los milagros sobre esta miseria política que nos rodea y entre la que cabe destacar también el olvido, desprecio incluso tortura moral que se ejerce en Salamanca contra espléndidos actores como Fernando Saldaña, Josetxu Morán o el poeta y escritor Raúl Vacas.
Vivimos sobre un esperpento, muñeca.

viernes, 9 de enero de 2009

Ya nos vale

Viendo la masacre de Israel sobre Gaza no sabe uno muy bien a qué atiende el concepto de la Alianza de las Civilizaciones, la inoperancia de la ONU y la hipocresía de la Unión Europea. No tenía mejor mensaje la precampaña electoral israelí que lanzar la invasión de Gaza a golpe de sangre y muerte como para recordar acaso otras invasiones terribles que dieron después con el genocidio judío mientras una Europa ardía en fascismos y otra se lavaba las manos hasta que les saltó en ellas la mina del drama. Sucedió una vez y tócala otra vez que ahora la lección de los judíos se la pasan en pasiva a los palestinos mientras en el resto del mundo rumia la provocación de los terroristas de Hamás. Al final, el terror se sale con la suya: se crea la naturaleza explosiva y se detalla la geografía donde hacerla estallar entre las víctimas habituales. Mientras tanto, es curioso observar cómo alguna canalla carga sobre el traje de chaqueta y pantalón que llevaba la ministra de Defensa en la recepción real de la Pascua militar. Sólo faltaba en este país que el detalle pasara desapercibido para el protocolo, que es ese otro concepto del cinismo hecho ciencia, materia de estudio en la carrera diplomática en lugar de otras asignaturas un poquito más preclaras para acudir con la palabra y no con el lanzallamas a la hora de resolver un asunto. ¿Surrealismo?
Confieso que estos primeros días de enero del año en curso tienen algo de rebaja en lo que se refiere al razonamiento simple. Vean por ejemplo al ministro de Trabajo. Guardo unas declaraciones suyas en torno al desastre que han supuesto las prejubilaciones, en la banca, en los teléfonos, en las fuerzas armadas (sí en la mili con galones también, sí), y... en RTVE. Pues bien, si resulta que entre todos pagamos el asunto de marras, ¿me quiere explicar el señor ministro de Trabajo cómo es posible que se siga aplicando el Expediente de Regulación de Empleo en RTVE y se mande al personal con cincuenta años a calentar pasillo, pero el de su casa?. ¿No es otro absurdo dentro de lo mismo?. ¿Quién paga?. ¿El ente? ¿El ínclito director de RNE zote y azote de “La noche menos pensada” y autor de madrugadas delirantes de bazofia como de las que uno tiene la obligación de pasar?. Ya dije que debe de ser cosa de estos fríos pero uno supone sospecha que todo está repartidito, como las transferencias autonómicas, como las autonomías también, repartiditas políticamente según ese concepto que se enmarca en los intereses de uno y otro signo. En este monopoly, por ejemplo, Castilla León tiene de Ruta de la Plata el sambenito pero no la seña de identidad, tiene vía de tren pero no se inquieten que ya la desmontan, para que no haga feo y es ahí por donde interesa que la finca quede bonita por aquello del Románico, la torcaz y el palo del 7 bajo par.¿Surrealista?.
Y hablando de pares, uno puede coger gratuitamente en las puertas del Clínico el “Diario Médico” y como cita del día leer ésta de Dalí: “La vida es aspirar, respirar y expirar”. ¡Leche! ¿En las puertas de un hospital?. Pleno surrealismo.

viernes, 2 de enero de 2009

Nochevieja



Ya en el pasillo, sintió que le crujían los huesos. Le había desvelado la próstata, lo que le obligaba a levantarse como si se tratara de un sms enviado en clave biológica. En tal estado, nunca podría encontrar un final para su novela, ni siquiera pensando en la amenaza de las dos semanas de plazo para entregarla. Se había empeñado en recordar los sueños uno a uno y creer que alguno de ellos le provocaría un argumento sin igual para el último capítulo. Por eso, últimamente solía dejar en el suelo, junto a la cabecera de la cama, un cuaderno y un lápiz de color, pensando que el alivio de la orina le ayudaría a escribir el desenlace soñado en una hoja de papel. Aquella noche creyó escribir tanto y tan deprisa que acabó rendido en la profundidad de otra somnolencia.

Regresó a Zamora con la esperanza de sacudirse algunos recuerdos que se fragmentaban en su memoria como el rompecabezas de un niño. Desde el autobús dibujó al otro lado de la plaza la memoria de un bazar en otro lejano lugar y de aquella mujer que no se arredró al ver destrozada la panificadora por un bombardeo. Desde el primer día que pasó frente a aquella ruina creció su interés observando el afán por evitar la cruda realidad. La veía junto a un niño que vestía una camiseta del Barça con un diez dibujado a la espalda, contrastando su apariencia como extrañísimo futbolista en una ciudad moribunda. Días después la descubrió atando las tuberías que quedaban desnudas, dándoles una sensación de órgano a la intemperie mientras las encajaba entre la metralla, lo que le daba una figura incierta de escultora en un museo de siniestros bajorrelieves. Fue entones cuando el capitán de Ingenieros ordenó detenerse un instante y las miradas de ambos coincidieron, la de ella y la suya, cruzándose sin conocerse, sin intuirse siquiera en aquella mañana, tan lejos, tan cerca aquella primavera de otras -pensó el capitán- mientras indicó al conductor del BMR que continuara camino. Hacía tres meses que se había desplegado sobre la pequeña ciudad encajada en un incipiente valle que disimulaba el carácter rocoso de la pequeña cordillera al este de Herzegovina con la misión de detectar y desactivar las minas que tras de sí había dejado el ejército serbio al retirarse de Sbrenika.

Mientras se veía frente al espejo salpicó su rostro de espuma y se fijó, solemne y malhumorado, en la cuchilla de afeitar. Fue entonces cuando recordó el cuaderno de notas. Corrió hacia el dormitorio, y allí estaba, en el suelo, entreabierta la libreta con un lápiz entre las hojas. Por un instante en muchos meses se sintió aliviado. Cayó de rodillas y temiendo que la espuma emborronara el papel se aferró a él como Long John Silver al tesoro que nunca disfrutó. Y leyó: “Al sentir su cuerpo en el suyo un latido se apoderó del rompecabezas extraviado en su infancia. Ella le dijo que cerrase los ojos. Su boca se había convertido en la cueva carnosa de una ballena. Sintió una profunda sensación de ternura mientras abriendo tímidamente los ojos observó que ella los tenía cerrados, como en trance, como si aquel descubrimiento maravilloso no fuera a acabar nunca. Bailaban. Era Nochevieja”.
Los otros



Ando estos días devorando otra vez la espléndida traducción del amigo Pollux Hernúñez -salmantino afincado desde tiempos de Plauto en Bruselas- que hizo en su día de “Oliver Twist” y una y otra vez el eco de Dickens se reproduce ante la vida como un espejo. Aunque se insinúe por parte de ellos que la cultura española ha exportado además del Instituto Cervantes el corte y confección de la picaresca económica allende los mares, mal que le pese a anglosajones, kuwaitíes y dubaitianos (si les extraña el gentilicio de esa finca artificial donde se juega el mundo no les asuste) nos queda aquí la ceniza de Dickens, las estaciones de autobuses y los cartones, los portales y San Martín compartiendo la capa con un mendigo mientras un adolescente se entretiene en quemar vivo a otro pobre que duerme donde puede y donde no le dejan. La España de “Plácido”, por otra parte queda aquí de nuevo, en la pantalla de la vida cotidiana y eso que si no fuera por el rastrillo aun la cosa iría a peor, quizás, pues en medio de tanto la solidaridad sigue siendo sinónimo de caridad bien entendida y no de justicia social. La crisis es como aquel concepto que el mismo Berlanga barruntaba sobre el erotismo como artículo para ricos mientras que la pornografía sería cosa de pobres. No es cuestión de proclamar el detalle de los nombres para situar los adjetivos. No parece correcto jugar con eso, con el lenguaje cuando haya quien cada vez lo pasa peor, más gente que lo pasa mal y el denominador de la pobreza bate registros de desigualdad. Por eso, encontrarse de nuevo con la lectura de Dickens nos lleva al paraninfo de los días y las noches, las madrugadas terroríficas de hielo y centella, y a quienes antes se les veía colgados resulta ahora que el mundo pende de una cuerda múltiple, y cualquiera puede caer de ella. Ni antes eran colgados ni ahora dejan de serlo; el lenguaje mata a veces por su propia desnudez.
Alrededor de este espacio resulta curioso el mensaje que el presidente de la Xunta de Galicia Toruriño le ha enviado al presidente Zapatero: “En Galicia hay dos lenguas”. O sea, claro. También. No en balde a una amiga profesora de Lengua de Signos le han preguntado –y que diga lo que cuesta, que no hay problema- si puede traducir la lengua universal de los sordos al gallego. No, no es coña. El asunto es que en estas cosas mandan quienes se olvidan que la cosa es seria y no coña, que el asunto de la enseñanza y de las posibilidades de acceder en el siglo veintiuno a la dignidad humana resulta con estos bártulos algo efímero. La bolsa de paro se augura mayor mientras la Bolsa en mayúscula hace negocio y no el suficiente como para que suba la minúscula y ello quiere decir que ante el hecho nos quedamos con los mensajes huérfanos de criterio. Corren tiempos malos.
Es como si se hiciera cierto aquel dicho de Montesquieu: “Para prosperar en este mundo hay que tener aire de tonto, pero sin serlo”. Vuelve uno al Dickens del amigo Pollux y ¡oh Dios! hete aquí la mezquindad y la avaricia fuera de la literatura, en la vida misma.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Candilejas: Ángel Campos Pámpano

Candilejas: Ángel Campos Pámpano

Ángel Campos Pámpano





La muerte –ayer mismo- del poeta y amigo Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Álcantara, 1957 – Badajoz, 2008) además de sentir el zarpazo nos ha devuelto el retorno por un instante a la Facultad de los tiempos de la transición. Se ha hablado y escrito del hecho político que la universidad transmitía en la calle pero no es menos cierto que quizás más implacable era la vida intelectual dentro y fuera de las aulas sobre cuyos pilares se basa la olvidada transición precisamente, el puente a la democracia y los valores humanos, la tolerancia y la diversidad de ideas y juicios, el valor de la palabra sobre la violencia y la manifestación estética de unas vanguardias literarias que ante todo eran creativas y sugerentes. En la Facultad de Filología de Salamanca se fraguaban en la última parte de los setenta, un Aula de Teatro como el Juan del Enzina por donde pasaba la vida cultural en todas sus manifestaciones e incluso encerronas. Y también se fraguaba desde el Palacio de Anaya la fundación de revistas, como “Zurguén”, dirigida por el también poeta José Diego (hoy profesor en Barcelona) y “El Callejón del gato”, al amparo de Ángel Campos Pámpano por donde andaba una suerte varia de poetas hoy espléndidos literatos, José Luis Matilla, Quías Blanco, -como no Tomás Sánchez Santiago-, la palabra también hermosa de Fernando R. de la Flor, la poesía sonora de Jaime Siles –hoy a afortunadamente de vuelta a Salamanca-, y la de otros inevitablemente desaparecidos como Claudio Rodríguez, Javier Ángel Marigómez o no digamos Aníbal Núñez. Por allí andaba también la juventud de Gonzalo Alonso-Bartol, Marochi Vicente, Miguel Figuerola y la sombra de quien siempre recibía, Gonzalo Torrente Ballester, años antes de que el autor del “Don Juan” metiera la gamba con lo del “botín de guerra”.
Ángel Campos Pámpano tenía su doble en los heterónimos de Fernando Pessoa: Alberto Caeiro, Álvaro Campos y el inolvidable Ricardo Reis cuyas odas fueron el motivo de su primera traducción. Se casó con Carmen a quien dedicó su propia Lisboa y fundó una gran revista literaria como “Espaço escrito” consiguiendo además el Premio Nacional de Traducción y ampliando su palabra a los libros de Eugenio de Andrade o de Sophia de Mello cuya traducción de “Nocturno” es una maravilla. No será posible que recoja otro premio en Extremadura, pese a que su palabra esté caliente aún ante su amigo y poeta Álvaro Valverde. Fue Pámpano también uno de los primeros en acercarse a un tal José Saramago, cuando nadie hablaba del autor de “Memorial del Convento”. Pero Pessoa siempre ha estado en el fondo como el denominador de estudiantes que fueron un día de portugués y hoy lo son de Filología comparada, como Concha Baéz, otra salmantina, en la Universidad de Vigo. “Lisboa, bajo el celaje tenue del otoño, es casi un cuadro cubista tendido en la ladera” había escrito Ángel de la ciudad blanca. Reverberando algunas otras cosas, hace quince años Ángel Campos Pámpano hizo que la Diputación de Salamanca realizara un homenaje a la obra de Aníbal Núñez teniendo como voz la presencia de José Ángel Valente y la complicidad de su viejo amigo Suso de “Hydria”
Fue valedor Ángel de una palabra que ocupa su sitio en la memoria.

jueves, 6 de noviembre de 2008


Todo es posible



Has tenido que cumplir cincuenta años para que veas a un negro en la Casablanca y sientas que al decirlo ni tú ni los que te lean o escuchen lo entienden como racismo, sino como todo lo contrario, porque la intención es la de la misma dignidad humana y la descripción de lo que dices evoca la memoria de Martin Luther King según la cual “todos los hombres deben de ser juzgados por sus capacidades y no por el color de su piel”.
Han pasado años e incluso muchas generaciones que dejaron todo en el camino –el mismo doctor King a quien leías antes de otras cosas- no han podido ver lo que tú ahora tienes ante ti, lo que se da en llamar un momento histórico. Si alguna vez ese dicho tiene razón de ser, circunscribiendo su significado al momento presente y no al pasado es ahora, cuando “todo es posible”. Esto sí forma parte de la historia, aunque sea en minúscula, porque afecta a millones de personas motivadas por los derechos civiles, necesitadas para ser tenidas en cuenta, golpeadas hasta la saciedad por injusticia y desamparo. No sabemos si en el fondo cambiará algo pero algo ya ha cambiado, aunque en la geografía profunda del sur que en las películas protagonizan un sheriff bruto, cuatro holgazanes y un hatajo de cobardes salpicados de odio y mentiras y en cuyas carreteras daría miedo que se te acabase la gasolina haya votado el mismo racismo que les porfía. Son como cadáveres vivientes ante la herencia de Bush, es la gran infamia libre de sospecha sobre lo que él mismo emprendió: una guerra sin cuartel, bestial y profunda sin venir a cuento, cuya resaca sufrimos ahora en todo cuanto nos rodea, aquí y allá, dentro y fuera de donde se toman las decisiones y se juega con el mundo como Chaplin lo hizo con un globo para desmontar con ironía la crueldad de un sanguinario. Entonces, ¿Cómo no todo va a ser posible?. Incluso las palabras hermosas de McCain en la derrota ante Obama han tenido lugar. Con algo que nos quede, es suficiente, con la ilusión de Obama y la solidaria manifestación de júbilo por algo que quizás no tarde en cambiar aunque no llegue a cambiar del todo pero en el reto para intentarlo queda la misma capacidad por ilusionarse ante la crisis y sentir lo que trasciende como en el resto del mundo, país por país, lugar por lugar, rincón por rincón. Ese es al menos el común denominador que uno ha encontrado a través de internet conjugando un verbo con esperanza. Por tanto, que falta hacía -pero a ver quien le pone el cascabel al gato- que todos los medios de comunicación españoles nos advirtieran que no estamos en crisis y desembarcaran en la jornada electoral USA como si se tratara de un mundialito o de otro descubrimiento de la América de Colón en el postre. Ha debido de haber más periodistas españoles que senadores proclamados, y ello quiere decir que una de dos: o estamos locos o esto es jauja. ¿A quién le explica hoy la prensa para qué sirven las nuevas tecnologías sino para procurar la inmediatez informativa?.
Por eso, todo es posible.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El periodismo y la parábola (En torno a la obra de Eduardo Galeano)

En diciembre de 1997, con motivo de un especial que TRIBUNA de Salamanca preparaba en torno al profesor de esta Universidad Julio Vélez, -a quien tanto le hubiera apasionado este Congreso- tuve la satisfacción de recibir una colaboración a tal fin del escritor Eduardo Galeano. Lo titulaba “Para la Cátedra de Antropología” y se hacía eco en unas líneas que leeré –por tanta memoria añadida– más tarde, del sentido que ha impregnado toda su obra: la consistencia entre la literatura y la dignidad humana. Se ha escrito que la obra de Eduardo Galeano se propone “violar alegremente las fronteras de los géneros literarios y asomarse al universo desde el ojo de una cerradura para revelar la grandeza de lo que parece insignificante y denunciar la mezquindad de lo que parece grande”[1]. No está lejos esta definición del contenido de su equipaje pero el escritor del que hablamos tiene, además, una huella insoslayable con el periodismo y esa es a la que humildemente quisiera referirme.

Asistimos a la desaparición de un siglo que vertebra en otro la llamada “teoría de la globalización” y la denuncia de los derechos humanos es noticia si se constata su peso específico en la muy actual crónica de sucesos; así el país más desarrollado del mundo aspira a tener un presidente sentado sobre el furor que le produce la pena de muerte, así el escritor se pregunta: “¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia a quienes son incapaces de aprenderla?”
[2]. Es la reflexión de quien, en un hermosisimo libro, nos ha legado un ensayo sobre la escuela del mundo al revés.

En Eduardo Galeano se concita no ya el periodista que irrumpe en la redacción y se salta el tráfico de lo “políticamente correcto” sino quien aborda desde la pirámide del convencimiento el compromiso de una actitud vital, en un tiempo en que el periodismo es considerado género literario como De Quincey consideraba el asesinato como una de las bellas artes. Si no es así, es denuncia o es crónica y la sociedad lo premiará con el Pulitzer. Por ello, en un tiempo en que la gestión de los géneros está limitada por la estética y sembrada por los mecanismos percutores de una clasificación endogámica, sorprende que este escritor, desde el periodismo, haya asumido la tarea de investigar desde la médula del origen las voces que aún no hallan respuesta ante la barbarie histórica y lo haga precisamente desde el lugar donde otros escritores perdieron, acaso por su complicidad, la razón de su credibilidad.

Solo así podría entenderse que en un siglo donde han proliferado las autobiografías, biografías y autohagiografías, nos encontremos con una trilogía como Memoria del fuego donde el valor de las fuentes es la voz de lo que era perdido y la palabra del escritor el empeño de su naturaleza: la comunicación. Estamos ante una obra donde el periodista emplea el sentido más inmenso de la palabra documentación, la sincronía y diacronía como oficio, la historia y la crónica como material de trabajo y la palabra de inmensa claridad como factor impermeable entre el escritor y la sociedad a la que se debe. Así la obra de Eduardo Galeano nos acerca, con la fecha de la historicidad al viaje más intenso que es aproximarse a la verdad. ¿Qué otra memoria se nos desvela en Memoria del fuego sino la de la historia de la humanidad comprimida en el disco duro de la ignominia?

Ya en “Los nacimientos”, el primer volumen de esta trilogía, se nos descubre la primera palabra venida de América y que hace relación a la vecindad de esta Universidad por su propio protagonista. Así relata Galeano el hecho que titula, precisamente “1495. Salamanca”


Elio Antonio de Nebrija, sabio en lenguas, publica su “Vocabulario español-latino”. El diccionario incluye el primer americanismo de la lengua castellana:
Canoa: Nave de un madero.
La nueva palabra viene desde las Antillas.
Esas barcas sin vela, nacidas de un tronco de ceiba, dieron la bienvenida a Cristóbal Colón. En canoas llegaron desde las islas, remando, los hombres de largo pelo negro y cuerpos labrados de signos bermejos. Se acercaron a las carabelas, ofrecieron agua dulce y cambiaron oro por sonajas de ésas que en Castilla valen un maravedí”
[3].


La fuente es parte de la historia y la historia se deja sentir en la actitud del escritor. Del segundo viaje nos llega el eco de la experiencia de Miquele de Cuneo:


“Desde el castillo de popa de una las carabelas, Colón contempla las blancas playas donde ha plantado, una vez más, la cruz y la horca”
[4].


Una de las cosas más sorprendentes de Memoria del fuego es el experimento de su configuración. La historia tratada como materia en el laboratorio de la constatación de los hechos. La narrativa actual está acostumbrada –salvo muy raras excepciones– a servirse de una documentación elaborada hacia la construcción de un personaje, bien para inmortalizarlo unas veces, mal para inmortalizarlo casi siempre. El caso de Eduardo Galeano ante el uso de las fuentes consultadas, es digno de estudiarse como aspecto sustancial de una obra delicadísima en el conocimiento de las huellas. Huellas que por otra parte configuran no sólo el aspecto de un suceso sino la correspondencia universal de ese testimonio. “Ojalá –escribe Galeano– Memoria del fuego pueda ayudar a devolver a la historia el aliento, la libertad y la palabra. Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable: quisiera conversar con ella, compartirle los secretos, preguntarle de qué diversos barros fue nacida, de qué actos de amor y violaciones viene”.
[5]

No existe un solo aspecto temático, un solo monólogo, existe lo que el escritor descubre desde su propia conciencia, lo que gravita en la función del periodista como la voz del diccionario: “Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. Es curioso observar cómo las lenguas se ocupan de esa transmisión entre corazón y memoria. Tal como en inglés by heart o en francés à coeur , son verbos que necesitan como recordar la función de los sentimientos, para que el escritor explore, desde su propio significado, el trasunto de la lengua, denunciando del olvido la ausencia de memoria. La utopía sería un argumento si el mundo fuera al revés, tal como Eduardo Galeano concibió el libro Patas arriba. En él, la realidad no se escapa de los hechos cotidianos y son estos precisamente los que sirven en bandeja la actualidad de las aberraciones humanas:


“El machismo y el racismo beben en las mismas fuentes y escupen palabras parecidas. Según Eugenio Raúl Zafarroni, el texto fundador del derecho penal es El martillo de las brujas, un manual de La Inquisición escrito contra la mitad de la humanidad y publicado en 1546”.
[6]


¿A quién importara tal detalle?. Pues bien, no sorprende que en el ensayo Galeano nos acerque a la primera fuente que el autor encuentra sobre “racismo y machismo” en el peculiar Libro del Eclesiastés:


“Vale más la maldad de hombre que bondad de mujer”
[7]


Si la documentación es una fuente de primera magnitud para el escritor que nos ocupa, es el sentido universalizador, la capacidad de hacer del hecho un referente es lo que en la obra de Eduardo Galeano acontece con el sentido de parábola en su acepción geométrica y me refiero a esa otra geometría que se ocupa no de la ciencia sino que se desprende de la geografía humana, la historia de las civilizaciones. El dato inicial se convierte después en la exploración intuitiva que recorre una lapicera vertiginosa mientras la palabra toma el eco de una pregunta inquietante que perturba el orden establecido.

Así es El libro de los abrazos: la celebración de la voz humana:
“Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea”
[8].


El compromiso del escritor encuentra una actitud sublime con el Siglo del viento que le ha tocado vivir. La historia de la depravación más absoluta que llega hasta nuestros días es la denuncia del terror sistemático que Eduardo Galeano no ha dejado de denunciar en toda su obra. La fórmula está –como el mismo dice– fuera de todos los géneros: “No creo en las fronteras que, según los aduaneros de la literatura, separa a los géneros”
[9]. En los primeros meses del año 2000 el juez español Baltasar Garzón admitía a trámite la apertura del proceso contra los generales argentinos corresponsables de la época de terror. Pues bien, sirva el documento de la carta del banquero Rockefeller felicitando al dictador Videla que Galeano rescata para la memoria de la humanidad para cerciorarnos dónde se encuentra el papel del escritor en su tiempo:


“Le agradezco –dice el magnate– que se haya hecho tiempo para recibirme durante mi reciente visita a la Argentina. No habiendo estado allí durante siete años, fue alentador ver cuántos progresos ha hecho su gobierno durante los últimos tres años, en el control del terrorismo y en el fortalecimiento de la economía. Lo felicito por lo que ha logrado y le deseo todos los éxitos para el futuro”
[10].


El capítulo al que se refiere lleva como único documento la emotiva y espantosa misiva. La fuente del escritor es la Revista “El periodista” núm. 71, Buenos Aires, 17 al 23 de enero de 1986. Si lo hago constar es porque el autor utilizó 475 fuentes diferentes para escribir el último volumen que da consistencia de obra magnífica a la trilogía Memoria del fuego.

Galeano quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba bien, y hasta muy bien al parecer, mientras dormía. La ironía se traslada, como en el cuento de Benedetti al lenguaje de la bola y el arquero. Aún así, la obra de Eduardo Galeano se nos antoja como la parábola –otra vez la palabra comparece para explicar el sentido geométrico de los sentimientos– en torno a la pasión devoradora, el sueño de los imposibles y el negocio actual por donde la corrupción puede pasar por encima y el mundo sigue andando. Reparo en el libro como objeto de deseo y también como parte sustancial del equipaje literario del autor que nos conmueve:

“En el fútbol profesional, como en todo lo demás, no importa el delito si la coartada es buena, Cultura significa cultivo. ¿Qué cultiva en nosotros la cultura del poder? ¿Cuáles pueden ser las tristes cosechas de un poder que otorga impunidad a los crímenes de los militares y los saqueos de los políticos, y los convierte en hazañas?. –Continúa Galeano– El escritor Albert Camus, que había sido arquero en Argelia, no se refería al fútbol profesional cuando decía: Todo lo que sé de moral se lo debo al fútbol”
[11].

Días atrás, el periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen escribía en una de sus columnas habituales los siguiente:

“La historia es un género de ficción que comienza a novelarse desde que ocurre el suceso, y a recibir versiones y censuras desde los minutos siguientes”.
[12] No es casualidad que estas cosas se digan a veces desde los periódicos cuando los historiadores están demasiado ocupados en hacer transcender a los poderosos, los políticos a ellos mismos y la gente común somos el número que contribuye a salpicar la estadística de ciencia más o menos exacta pero efímera. El papel sin género de la obra de Eduardo Galeano se aproxima a esta visión parabólica según la cual el efecto de la historia se aproxima desde la conciencia de los pueblos. Ya en los orígenes primarios, ya en el llamado siglo del viento, la catársis es la misma. Si en la Inquisición se torturaba, los capitanes argentinos, uruguayos, guatemaltecos, chilenos, bolivianos han recogido el testigo de la barbarie y esa es la causa a cuyo compromiso la obra de un escritor adquiere la legitima razón de su dignidad.

Y concluyamos.

Todos los mensajes de Eduardo Galeano los firma la cabeza de un cerdito animado que en su boca lleva una flor. Así, Para la Cátedra de Antropología, nos llegó:

A través de los campos y los tiempos, marchaba el tren desde Sevilla hacia Morón de la Frontera. Y a través de la ventana, el poeta Julio Vélez contemplaba, con ojos cansados las arboledas y las casas que huían en ráfagas, verderías y blancuras tantas veces vistas.
Sentado frente a Julio, iba un turista. El turista quería practicar su dificultoso español, pero Julio andaba quién sabe por dónde, buscando alguna certeza que se le había ido, alguna palabra o mujer que se le había perdido.

-¿Usted es andaluz? - preguntó el turista.
Julio, ausente, asintió.
Y el turista, intrigado, insistió:
-Pero si es andaluz, ¿por qué está triste?.


La parábola de Eduardo Galeano se había encontrado con la vida cotidiana. Entre la ficción y la realidad, fuera de las aduanas de los géneros queda la obra de quien fuera redactor jefe del semanario “Marcha”, director del diario montevideano “Época” y fundador de la bonaerense “Crisis”. Acaso la parábola del periodismo buscaba en su mesa de trabajo la geometría, el centro donde concitan la conciencia y la dignidad de la palabra.




[1]Amares. Eduardo Galeano. Alianza Editorial. Madrid, 1993
[2]Patas arriba. La Escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano. pp., 216. Segunda Edición, Madrid, 1998.
Memoria del fuego. “1 Los Nacimientos”. Eduardo Galeano. Novena edición, 1985. Siglo XXI Editores, Madrid.
[4]Memoria. pp. 58
[5]Memoria, pp. XV.
[6]Patas., [pp.70].
[7]Patas., [pp.72]
[8] El Libro de los abrazos. Eduardo Galeano. pp. 11. Séptima edición. Siglo XXI.España. [De ahora en adelante será citado como ABRAZOS].
[9]Memoria. pp XV.
[10] Memoria. pp 298.
[11]El fútbol. Sol y sombra. . Eduardo Galeano. Primera edición, Agosto 1995. Siglo XXI Editores, Madrid.
[12] “El País”. VISTO Y OÍDO. Eduardo Haro Tecglen. Sábado 24 de junio de 2000. Pág. 85.

jueves, 11 de septiembre de 2008

EL PODER JUDICIAL

Quizás el mejor de los métodos para despolitizar la Justicia sea precisamente el declarar como político de pleno derecho la génesis del Consejo General del Poder Judicial, el órgano que tiene en sus manos la posibilidad de armonizar lo vetusto con las necesidades actuales sin perder el rumbo en la impartición del Derecho. Algo difícil. Y a las pruebas nunca peor puede remitirse uno al conocer la multa que el actual CPJ ha impuesto al juez que permitió que un convicto en libertad asesinase a una niña, sin enterarse de la reclamación que pesaba de él por delitos impunes.
El hecho de que ahora los jueces hayan sido nombrados por los partidos políticos, seleccionados como jugadores de un equipo que ha de conferir justicia y no imagen, (o puede que sí, o puede que todo a la vez, según sea la imagen que de la Justicia se dé o se quiera dar o se imponga o se vote más allá de la mitad más uno o decida el voto de calidad del Presidente del mismo consejo, en fin, todo se andará y cierro paréntesis) y el hecho de que los jueces aparezcan ante la opinión pública queriendo ser independientes pero sin serlo, que es como ser otra cosa sin pretenderlo pero llevando un adjetivo encima y una cadena debajo, no parece, pese a todo que sea buen síntoma para pensar en un futuro próspero a, ante, bajo la lectura de la Ley y su interpretación. Podrá decirse, sin embargo algo sutil. ¿Y cuándo los jueces han sido independientes? ¿Y por qué habrían de serlo? ¿No tienen voz si dejan de serlo o aparentan que lo han dejado o lo dejan de ser para regresar al mismo sitio después?. ¿Y no tienen voto? ¿Y no llevan crítica sus apreciaciones, gusto, incomodidad, santo y seña por éste o por aquel? ¿Y, en definitiva, no parten del mismo Estado y su conocimiento en un poder como el Judicial cuya base se sustenta además en la Ley que regula el Legislativo, o sea el mismo que ahora los ha elegido según el acuerdo al que después de años han llegado los equipos contendientes?. ¿Pues entonces?. Lo extraño es que extrañe. Y no. No debe de ser así, como por otra parte ni sus señorías jueces ni sus señorías parlamentarias debieran de tratar de confundir al personal con fórmula química según la cual toda ideología se disuelve cuando la imagen comporta una base que procura una nueva sustancia. No. Hasta ahí, no. Los experimentos, con gaseosa.
Una vez en el Maestro Ávila, el genial Marcelino pasó por el laboratorio queriendo hacer gominolas y el olor a pis quedó impregnado en la campana del patio. Ahora bien, si todo esto es así, ¿Por qué de una vez por todas los ciudadanos de este país no acabamos por elegir directamente a los jueces si en el fondo lo que se ha hecho es camuflar un detalle electoral?.
(EL ADELANTO. 12 DE SEPTIEMBRE DE 2008. Pág.2)

sábado, 6 de septiembre de 2008

Manolo HH y otras cosas

LA COLUMNA DESNUDA


Vamos mal


Aníbal Lozano
A los destructores de la radiotelevisión pública no les ha entrado más furor en tiempos de crisis que A) aplicar un Expediente de Regulación de Empleo que en muchos casos es un puro camuflaje para cargarse cualquier atisbo de quien procure una crítica, una idea para compartir o una consecuencia del conocimiento y B) derrochar un presupuesto desconocido para cambiar la imagen corporativa del medio y así justificar que el cretinismo tiene consistencia en este país. Lo de RTVE es siniestro, pero el adjetivo caracteriza a sus responsables, nombrados - por cierto- para el cargo según el arte de convertir en tecnócratas supuestamente progresistas a verdugos de la razón. No es la primera vez que tras una primera legislatura al PSOE le remueven en la siguiente los intestinos algunos fulanos que de pronto aparecen tras la mampara de lo desconocido y adquieren el master en gestión devastadora del pensamiento. No es la primera, ya digo, por lo vivido y contado de otros tecnócratas que al amparo de algún valedor de la organización del partido se hacen con el poder de ostentar los medios públicos y convertirlos en el modelo a seguir de la vulgaridad y la bazofia según el reconocido título que este país viene en otorgar a la telebasura.
La pasada semana, coincidiendo con el final de agosto, se despedía por orden de la superioridad de Radio Nacional “La noche menos pensada”, el programa de Manolo H.H. a quienes los madrugadores y veladores del insomnio apreciábamos y entendíamos por lo abierto, instructivo, relajante, ameno, discursivo, crítico y elegante que durante años y todos los días diferente, procuraba a los ciudadanos un mensaje cultural. Meses antes, los depredadores del mismo ente público se cargaban de un plumazo “El club de la vida”, el programa de Loles Díaz Acedo que cumplía sábados y domingos con un servicio de información, divulgación y entretenimiento esencial para los mayores –y para otros que éramos tantos- sin que nada ni nadie tome el testigo de cuanto representaba indudablemente también como servicio público. La razón esgrimida ha sido la misma, justificar el famoso ERE en el que uno no sabe si los sindicatos han elevado su cinismo a la enésima potencia o les han vendado los ojos con miel y mermelada. Lo que sí parece claro es que si esto es así, no sé que hace el señor Corbacho como ministro de Trabajo cuando declara tajante que uno de los grandes errores de nuestro días en crisis pasa por haber permitido el asunto de las prejubilaciones (¿), entonces, ¿a qué viene tanto cuento raro en RTVE para dejar en casa a quienes cumplen los cincuenta sino es solapar la caza de brujas, aniquilar el espíritu crítico de profesionales y dotarla de una nueva imagen bajo un gasto espantoso y una denominación ineficaz, raquítica, falsa, nula, ínfima e infame?.
Buen detalle: en tiempos de crisis surgen vampiros. E hipócritas.
EL ADELANTO. Salamanca. 5 de septiembre de 2008. Página 2.

jueves, 24 de enero de 2008

In memoriam: Riszard Kapuscinski (*)


Se cumple un año de la desaparición de Riszard Kapuscinski, el periodista polaco que enraizaba la conciencia de la vida en la literatura y el periodismo con el compromiso de su razón de ser. No es fácil atisbar desde la misma ventana la realidad que se nos procura ante nuestros ojos, la de aquí, la de esta mujer incendiada en plena juventud por la ira y el terror en Alcalá de Henares, lo que la convierte en la ¿última? víctima de esa barbarie que nos asola y que nos acostumbra al eufemismo del terrorismo doméstico y la otra violencia de más allá, la de Gaza y los errabundos en tránsito hacia la nada, como pensó Faulkner de otros miserables. O sea que la mirada es difícil y a lo que nos acostumbra se diluye entre el vacío de unas políticas cuyo referente de cara a la realidad de los hechos las hace vacías, incongruentes, insensibles y cínicas. La mirada entonces de un periodista como Kapuscinski nos enseña a penetrar en el hecho mismo, sin quedarse uno fijo y estático en la mera observación. De toda su inmensa obra, especialmente anotaría que leyesen –si no lo han hecho- una crónica como Ébano , nombre que de por sí abre las puertas de África en el corazón humano. No es una novela, no es un libro de viajes, es la presencia de la palabra entre latidos que uno va sintiendo como propios y los hace necesariamente cercanos.
África no es sólo –es verdad- la historia de las guerras, las revoluciones falseadas, los golpes de Estado por concurso de colonialismos europeos, sino la intrahistoria de los rostros y las gentes que luchan por sobrevivir día a día, sabiendo que si otro día llega eso será algo tan diferente como extraordinario. No, no está lejos de nosotros África. Nunca lo estuvo y menos ahora. Por tanto, la mirada de este hombre sobre la realidad cotidiana es la que nos asola comúnmente alrededor de los días y de nuestra memoria. He ahí los Viajes con Heródoto, que trasciende sobre la lectura épica siglos después para armonizar el sentido que adquieren los tiempos como iguales y no como espacios tan diferentes; eso es algo que nos convierte en cómplices y no en autómatas de lo que vivimos.
Es esa una complicidad para la razón y para creer que, por ejemplo, el llamado terrorismo doméstico, la cruel y despiadada violencia machista late hoy en nuestra vida con una ley que fracasa, por cuanto no se aplica. Kapuscinski lo enseña.
(* PUBLICADO EN "EL ADELANTO". 25 DE FEBRERO DE 2008)

viernes, 21 de diciembre de 2007






refiere la palabra antífona acerca del que responde. Pues bien, en el extraño maridaje de la memoria te deseo que las voces y los ecos adviertan desde la luz y no desde la sombra cuanto tiene la sonoridad de la antífona, ya sea porque una tarde nos acercamos a Borges, bajamos hasta Maria Moliner o cruzamos el mapa con Riszard Kapuscincki.

Feliz Navidad 2007

jueves, 20 de diciembre de 2007



La pintura insólita de Alfonso Cuñado

Aníbal Lozano (*)
Una de las cosas que de bueno tiene escribir de arte sin ser crítico de lo mismo es la libertad innata para atreverse a mirar sin tener que destacar lo que uno no ve. Tal cosa no suele suceder en la escultura, pero en la pintura, ¡ay en la pintura! Cuanto subyace nos desvela lo que es y también, lo que no existe, lo que pasó por ser o si acaso, lo que pudo haber sido y sin embargo acaba siendo algo tan diferente a lo que podría intuirse que aparece como trascendente y original. Bien, se me ocurre acudir a todas las alomorfias posibles del verbo ser para escribir a propósito de la extraordinaria pintura de Alfonso Cuñado (“Insólitos naturales”. La Salina. Hasta el 13 de enero de 2008).

Especialmente era delicada la infancia, solía detallar un eminente artista, para sobrellevar después cuanto propondría el futuro. Yo recuerdo a Alfonso Cuñado en el Maestro Ávila dibujar como los ángeles (creo que este verso ya lo escribí, pese a todo) y de aquella alquimia el pintor efervescente conoce hoy su espléndida madurez cuando se contempla la muestra actual de la Diputación. Quizás, en memoria de tanto, un cuadro guarda especial sentido con el evocado pasado. No me refiero al espléndido caballo que da nombre al naipe de bastos o a las tauromaquias o a los campos que firman el título de insólito; tampoco a la visión magnífica de una Salamanca ensoñada que me evoca la pintura de mi recordado Pérez Fiz o el rojizo crepúsculo de algo que pintó Francisco Rodríguez, no. Y no hablo en este caso del cuadro que da fe de la calle Zamora, la espadaña de la Plaza Mayor y los colores ensombrados unos sobre otros con la maestría de los recuerdos singulares de mi vida, tampoco. (Eso queda para los diálogos con Antonio Casillas o Javi Corona). El cuadro que sugiere cuanto hay en el fondo de lo que Valente ensombró como la línea imperceptible es el que da nombre al “Laboratorio” en el que, por otra parte, Alfonso Cuñado trabajó con la paciencia de un químico y el vértigo de un artista. Ahí se fraguó el Vulcano que transita entre la textura de una pintura muy seria, la veladura de una técnica prodigiosa y el dominio de un color que juega al equilibrio de las sensaciones con el espectador.

Desvelar lo que estos “Insólitos naturales” proyectan sobre la pintura tiene que ver con la fragmentación de la vida. Por ejemplo, desde el mismo instante en que el bodegón nos advierte de la cotidianeidad de las sombras hasta la geometría de los sentimientos que, por otra parte, no dejan de ser líneas abrazadas, una sobre otras, según las tome en consideración el color y la naturaleza que nos habla. Nos evoca. Y nos trasciende. Eso es insólito.

(* Publicado en EL ADELANTO. 19 DE DICIEMBRE DE 2007)

martes, 11 de diciembre de 2007

XXXV

La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.
José Ángel Valente

lunes, 3 de diciembre de 2007

Acerca de la palabra ser




Cuando alguien preguntó el otro día acerca de las razones que me llevaron a pensar en aquel personaje y considerar su asesinato como útil de mi venganza lo único que cruzó mi pensamiento no fue la conclusión sobre su muerte sino saber de la vida del otro, aquel hombre flaco que tres años antes tocaba el clarinete a las puertas del hotel. El taxi me dejó una plaza más abajo. Ya habían dado las seis y del trasiego de los camiones se desprendía una mezcla de salitre y salmón mientras las vendedoras de ostras esquivaban porteadores de lamprea hasta llegar a la lonja que hervía entonces de un musculoso gentío reclamando su voz en la puja. Frente al mercado vi a los últimos corredores de la noche que guardaban la razón de su nombre: “La taberna de las almas perdidas”.

Y entre ellas me encontraba ahora, invitándoles a formar parte de la tripulación para Madagascar, oyéndoles apurar una palabra portuguesa y el acento sureño de Copacabana, cuando de pronto reparé en el camarero que me insinuaba unas gotas de aguardiente en el café. Era él. Nada delataba su rostro en mi memoria sino el color rojizo de sus mejillas incipientes y el buzo de porteador que dejaba libres sus manos para recoger de un tajo diez o doce vasos al tiempo que un murciélago tatuaba uno de sus brazos. “¿No tocaba usted el clarinete?” –le pregunté. “Y aún lo hago, a veces, no crea. Ahora prefiero dedicarme a la gran defensa de estos infelices”. Le creí. Reconocer a un hombre que hizo sonar a Gershwin cuando yo inventaba detalles contra mi pasado no podía tener ahora sino buenas intenciones para mi futuro. Pensé en invitarle a venir en el barco pero sus palabras corrigieron mi pensamiento: en el fondo, todos tenemos una razón de ser.

jueves, 29 de noviembre de 2007


Juan Gelman,
Premio Cervantes 2007
La extranjera no sabe que su sangre es su casa, que todo pájaro suyo sólo ahí puede cantar y abrir alas de su verano y se abalanza, alcanza, lanza, alza como una sed de mundo que no se puede apagar. El pájaro encendido cuida los huecos de la pérdida como joyas perdidas sin remedio.Canta allí, loco de luz, no renuncia a mis monstruos, valiente.
JUAN GELMAN

En el poeta argentino Juan Gelman (1930), la traumática experiencia del exilio no viene a conformar sólo una parte importante de su producción, la comprendida entre 1975 y 1988, sino que además, y fundamentalmente, establece el desplazamiento hacia zonas de sentido en las que el lenguaje es también "el expulsado", el "vacío-pasión", "la marca de una ausencia que no cesa de no escribirse", en sus propios términos. De ahí que resulte tan relevante su encuentro con la poesía mística española, en la medida en que el místico es un exiliado de Dios (Citas y Comentarios, 1982), y con la poesía sefardí (Dibaxu, 1994),

"como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua,
las más profundas y exiliadas de la lengua".
María Ángeles Pérez López. Universidad de Salamanca.
La profesora María Angeles Pérez López, de la universidad salmantina, estudio y seleccionó la antología de Juan Gelman titulada Oficio Ardiente, que "ha sido atravesada por palabras que han obsesionado al poeta como amor, otoño, niñez, revolución, muerte, olvido y memoria".



Final incierto para El gran Gastby

ficción sobre ficción
A.L.

Regresé a Louisville con la esperanza de sacudirme algunos recuerdos que se fragmentaban en mi memoria como el rompecabezas de un niño que recibe por navidad. Repetía algunas palabras alrededor de las imágenes que pasaban por la calle mientras la gente esperaba en las marquesinas la llegada del bus. Quizás por eso mismo los pensamientos se suceden, porque como escuché, aprendemos a demostrar nuestra amistad a la gente durante su vida y no después de muertos. ¿Se habría merecido Gastby un final así? Habían pasado algunas semanas y uno no sabe si la norma es dejar a los muertos en paz en ese endiablado rompecabezas que ahora nos hace adultos, hasta que llega el día de doblar el vestíbulo del hotel y percibir de soslayo en la terraza, que una mujer de rojo reta al condenado frío, como queriendo evitar su propio miedo. No había la menor la menor duda: su parecido con Daisy era como el dos perlas salpicadas en su escote.

- Si quiere, podemos entrar dentro. La nieve no cesará, se lo aseguro.
- ¿Está usted convencido de ello?, - me dijo - haciendo que cogiese su copa.

Cuando nos sentamos y el camarero dejó sobre la mesa dos martinis tan fríos como las manos ateridas de aquella figura asustada observé que las miradas del tiempo se reproducen como una música repetida y que en esencia, los paraísos que vivimos reaparecen como las hojas de un almanaque.

- Mi marido me ha llamado lo peor que se le puede decir a alguien -me confesó - mientras bebía un largo sorbo y el agua helada resbalaba por su nariz. “¡Bastarda!”. “¡Eso es lo que eres! ¡Una bastarda!”. “¿Qué le parece” -añadió- .

Fue entonces, al escucharla, cuando me vino de nuevo, como un extraño relámpago marcado en fuego sobre la piel, la desazón de haber estado en la casa de Gastby por última vez. Mientras le ofrecí mi pañuelo para que secase el agua de la nieve o de sus propias lágrimas, sólo me atreví a contestarle: Todos hemos visto esa palabra alguna vez en nuestra vida.