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martes, 16 de marzo de 2010

A Miguel Delibes


a quien nos enseñó a leer


caminito, estraza, jineta, gorgolita,


todo estaba escrito;


su palabra cura.

jueves, 11 de marzo de 2010

JESÚS de José Antonio Pagola


Mientras el prelado de Tarazona lamenta que el libro del gran teólogo José Antonio Pagola “Jesús aproximación histórica” (PPC, 2008) se venda como rosquillas (y no es para menos, pues lleva ocho ediciones) uno ha buceado en las profundidades de su lectura y al acabar, cierra el libro pero no aquélla, pues quedará abierta su reflexión como asunto cotidiano. No estamos sólo ante una historia revelada en la investigación en fuentes hebreas, latinas, griegas y arameas sino ante un compromiso de esperanza. Tampoco se trata estrictamente de la lectura histórica –como pretendían asegurar desde el Vaticano con temor y sin amor antes de haberlo leído-; más allá el libro de Pagola no se aparta un solo instante del Cristo de la fe. Y he ahí el misterio y también el miedo a poseerlo. Si una investigación exhaustiva proclama el espacio y el tiempo, los personajes y sus temores, sus recelos, los hechos y los olvidos, las miserias y los conflictos humanos, al cabo lo que se desprende es la gran pegunta inicial: “¿Quién fue Jesús?”.

El secreto de este galileo fascinante que irritaba a unos y a otros, que curaba y bendecía los errabundos en tránsito hacia la nada, que sentaba sobre una limpia parábola el peso del amor y no del odio, históricamente existió y lo que produjo fue la gran impresión que dio lugar a lo revelado después en el tiempo. Pagola investiga las fuentes de los evangelios sinópticos, los apócrifos y detalla ese documento Q que sirvió de base para casi todos ellos si exceptuamos al del amigo Juan. Una lectura histórica sencillamente impresionante, pero precisamente porque tras ella queda el fondo del abismo donde crece la fe en un Cristo resucitado y misericordioso. Si el gran libro comienza con tal interrogante, concluye con una respuesta inequívoca. “Por toda la eternidad, Dios hará lo mismo que hacía su Hijo por los caminos de Galilea: enjugar las lágrimas de nuestros ojos y llenar nuestro corazón de dicha plena”. ¿Era este el miedo de la nueva inquisición?. Mas bien lo que tal terror esconde es la esencia de fe en Jesús.
Acaso hay lecturas que uno tendrá siempre, como “Oliver Twist”; que nunca olvidará, como “Ulises” y hay revelaciones de lo que creíamos perdido entre la luz y las palabras.

martes, 3 de noviembre de 2009

La emocionante escultura de Agustín Casillas

Años hacía que no veía al Fréjoles. Tener el pequeño hormigón estos días en la sala de exposiciones de “La Salina” me ha hecho recobrar el tiempo de la infancia junto a Antonio Casillas jugando en barro en el estudio de su padre, pasándonos horas viendo como remataba una escultura antes de que volviéramos a Tolima para visitar con Fede, el otro amigo de la Plazuela, al sheriff King. La exposición de Agustín Casillas que dentro de unos días se clausura en la Diputación, además de celebrar una memoria espléndida, octogenaria y vivaz, una obra tan intensa como hechizadora, detalla el espejo de Salamanca en la fugacidad del tiempo y de la vida. Si “El Fréjoles” es una muestra de ello, como el tratante que andaba por las escaleras de Pinto o en los arcos de “la Granja” dejándose ver como santo y seña de su blusa a quien interesare, no es menos cierto que hay una lectura más honda en la madurez intrínseca de la obra de Casillas y que forma parte de su interpretación sobre los personajes, reales y ficticios de la historia de Salamanca.

Es verdad que si hay una palabra que figura entre las interpretaciones de estas esculturas, entre la geografía humana y la antropológica, el sentimiento y la memoria, esa es precisamente la que da nombre a la exposición “Identidades salmantinas” y es una buena razón para aproximar precisamente el recién creado Instituto de Identidades ante una obra sosegada en madurez y cuya emoción en su realismo depara precisamente un objeto de culto por cuanto adquiere el denominador de tradicional en su factor humano. Casillas, ante todo, ha sido precisamente un retratista del factor humano y su escultura conversa, cara a cara, no sólo con el espectador sino con su propio eco, la reverberación de sus ancestros, el detalle de su memoria en definitiva.

Hay una lectura en estas piezas que tiene que ver con el re-cordis, con la palabra memoria y el papel del corazón en la emoción de su propio significado. El mismo diálogo entre Celestina y Melibea, en un acto singular de los que gusta evocar Emilio de Miguel; las ideas para el bajorrelieve de esta tragicomedia o las figuras escénicas sobre el teatro del Lunes de Aguas mitifican un concepto trascendente de lo salmantino. Ese detalle por la trascendencia no se antoja en la obra de Casillas sino desde un lenguaje popular, cotidiano y, por ende, sincero con el espejo que nos descubre. Hace casi cuarenta años dibujábamos de niños, en el estanque de la Alamedilla, unos ciervos de barro -¿Qué fue de ellos?- que compartían la orilla con las cuatro estaciones. Afortunadamente queda en Salamanca un paseo escultórico por la obra emocionante y genial de un artista tan profundo como serena y llana es su percepción por la realidad, pues podría decirse que la obra de Casillas es una escultura en el tiempo.

Desde la cabeza de Torres Villarroel hasta la pequeña huella del poeta “Adares”, esta muestra nos acerca al hecho de mirar cada pieza más allá de su propio escenario, pues se trata sin duda de un gran teatro que subyace en la obra misma, en su conjunto y en su propia individualidad. Casillas es un escenógrafo de la percepción; no sólo retrata la costumbre, el tipo y el instante, sino que dialoga con la serenidad, la crudeza y el sentimiento de la realidad: he ahí el realismo ante el factor humano y su emoción.

viernes, 19 de junio de 2009

Candilejas: Silencio en Anantapur

Candilejas: Silencio en Anantapur

Silencio en Anantapur



Viernes, 19 de junio de 2009.


La silueta de un hombre que han visto de lejos, en la ladera del monte, cerca del último magnolio de Oriente, reza en la trastienda de nuestras vidas, tan lejos y tan cerca ahora de su memoria y de su legado.

La riqueza en el espíritu y la palabra yacen allí, junto al letrero que dictaba: inciertos milagros.


Él era el milagro: Vicente Ferrer.



A.L.

lunes, 25 de mayo de 2009

Ardicia en memoria de José Miguel Ullán




Fechado en enero de 1965 y editado en la vieja y desaparecida “Vitor”, la imprenta etimológica de Pepe Núñez Larraz, el primer libro del salmantino José‑Miguel Ullán (Villarino, 1944 - Madrid, 2009) lleva por título El jornal. Es una rara avis encontrarlo en alguna librería de viejo, y quién sabe, si alguna vez, emparedado entre una novela de Marcial Lafuente Estefanía y La conquista de la felicidad de Bertrand Rusell uno es capaz de encontrar un ejemplar tan enmohecido pero virgen, amarillento y sin embargo fértil, como así es su palabra escrita. ¿Qué es de este escritor huido siempre de la oficialidad más insigne, viajero que regresa de vez en vez con la discreción de quien no quiere ser visto más que por lo que prefiere? Alejado de la pomposidad más notoriamente celebrada en este país por los sucedáneos intelectuales que se ocupan de la llamada literatura comercial y del número de ventas cual inquilinos del “Gran hermano”, la obra de José‑Miguel Ullán es de una espléndida solidez y una honestidad poética absolutamente fidedigna.
Sin su obra no podrían tenerse en cuenta los laberintos por donde la poesía española ha urdido las mimbres en los últimos cuarenta años. Su experiencia vital, como en el caso de los escritores comprometidos con las circunstancias, le han jalonado afectos y desafectos con su propia singladura poética a la que nunca –afortunadamente– ha renunciado en su sentido más puro: la esencia de la palabra. Tras estudiar el Bachillerato en Salamanca y, su paso por un Madrid inquietante donde inicia Ciencias Políticas y Filosofía y Letras se recluye en París poco antes del mayo del 68 dónde conoce y trabaja junto a Roland Barthes y Lucien Goldmann. El periplo lingüístico no habrá hecho más que comenzar. Trabaja en la ortf y a su regreso –muerto Franco– a Madrid su experiencia le llevará a realizar una intensísima actividad periodística entre la que destacará –inevitable su eco– el programa “Tatuaje” en TVE, lejos del tufo cañí en que habían envuelto a la copla, y la creación del excelente suplemento “Culturas” en Diario 16. Nota biográfica que se actualiza con sus colaboraciones en la prensa nacional e internacional. Pero nos atrae, sin duda su obra poética.
Como acaso no es gratuito sopesar las relaciones de fondo y forma que habitan en el eje de la poesía española contemporánea es por eso que se nos antoja analizar una pista entre nombres que van a ser proclives para entender la reflexión común en torno al lenguaje, porque es en torno al lenguaje donde despliega todo su universo. No es extraño, precisamente, que José‑Miguel Ullán se encargue de la edición de un libro mítico como es Noventa y nueve poemas de José Ángel Valente. De nuevo, Valente, como una constante agradecida para la poesía española. En esta influencia –me atrevo a decir– decisiva, entre uno y otro, gravitan puntos y nombres tan comunes como que sería imposible desprenderlos de ambos. Por una parte, la presencia de la obra del místico español Miguel de Molinos, como así poéticamente Góngora, Cernuda o Vallejo, detallarán el equipaje de Ullán que él mismo analiza en la obra de Valente. Por la otra, la presencia en ambos, con imborrable fuerza creadora, del poeta cubano José Lezama Lima y la pensadora española María Zambrano: a quienes unirá no sólo la complicidad en la palabra sino una intensa amistad.
Clave de este signo es la referencia que de ello hace precisamente el crítico Miguel Casado en la edición de Ardicia (Cátedra, 1994), antología de la obra del poeta que referimos: “Entre las pinceladas sueltas, corre la zona blanca del pensamiento, la página casi entera también en blanco, como respiración, expresión penetrante de las intermitencias y vacíos del discurso... / ... Una propuesta de este orden es frecuente en el pensamiento de María Zambrano y el propio Ullán la ha recogido en ocasiones, por ejemplo en su artículo ‘Lezama Lima o el barroco carcelario’”. No es casual tal encuentro. Citemos algo que evidencia el testimonio del propio Ullán: “Ningún tema vive separado de los demás, todo es fragmento de un orden, de una órbita que ininterrumpidamente se recorre y que solamente se mostraría entera si su centro se manifiesta”. Estamos ante una poesía que –desde el hondo sentido que da forma Valente– considera el pensamiento como centro y la palabra como acto: o sea, María Zambrano y Lezama Lima como huella de uno de los poetas de mayor profundidad de nuestra literatura contemporánea.
Su orbe está fuera de los circuitos estéticamente podridos; la naturaleza de la obra de Ullán resiste por la enorme trascendencia de su elaboración sobre tanto “vivo difunto” por emplear el símil que el mismo Valente anotó en Salamanca respecto de la obra de otro poeta que aquí es menester pronunciar, me refiero a Aníbal Núñez, autor, entre otras curiosidades, de la cubierta de El jornal, el primer libro de J. M. Ullán:

“Amatando el candil
tan en mi hogar.
Y, sin embargo,
Cósmico”.

La excelente edición de Ardicia, libro citado por la edición de Miguel Casado, presenta una obra jalonada de títulos y referencias y supone un escaparate espléndido para conocer una experiencia poética fascinante, generalmente ¿desconocida? ¿despreciada? ¿olvidada? en la geografía cercana del nacimiento de su autor. ¿Pocos sabrán de la necesidad que el poeta tiene de acompañar la visión de Villarino de los Aires en su itinerario acaso como una “Razón del tacto”? Dicho queda que en Ullán se describe esa parábola del tiempo frente al pensamiento como acto generador de libertad. Su exilio, acompañado después por señales ostentosas de desprecio en un país de naturaleza tan corriente en estas consideraciones, le acercó a la contemplación de lo ilimitado de la escritura, le inundó de pintura –haciendo de él además un artista singular– e introduciendo su espíritu crítico en lo que más tarde desarrollará en torno a la obra de artistas como Antonio Saura, Eusebio Sempere, Zóbel, Chillida, Tápies, que ilustrarán espléndidas ediciones de su obra poética.
De ahí que en gran parte de su obra se construyan el juego y la cábala (de nuevo J. A. Valente) en la más libre de las expresiones. Así aparecerán poemas surgidos de la selección y señalización de palabras de un artículo de prensa como en “Alarma”; búsqueda de una ruptura lexicográfica en “Abecedario en Brinkmann”; jeroglíficos y ecos del “haiku” japonés en “Funeral mal”; poemas –obligatoriamente– tachados en “Manchas nombradas”; composición libre, intelectualmente libre como toda su obra, en el hermosísimo libro Rumor de Tánger al que acompaña una cita de Lezama Lima: “única cárcel / corona sin ruido”; dibujos como hipérboles de la escritura en Visto y no visto, donde se honienajea a Valente, Zambrano o Aníbal Núñez; una obra poética, en fin, que concita una inmensa experiencia lectora.
Miguel Casado, aludiendo a María Zambrano lo designa como “La metáfora del corazón”, tal es la obra enriquecedora de José‑Miguel Ullán: la palabra que nace y se nutre del conocimiento para dar testimonio de una fecunda emoción.

martes, 3 de marzo de 2009

El eco machadiano


En tiempos de esta crisis, moribunda de tantas cosas, pasado mañana en pleno domingo gordo, se cumplen setenta años de la muerte de Antonio Machado. Su tumba en Collioure sigue abrazada de algunas flores y otros mensajes que habitan en el tiempo, como la palabra en el tiempo que tanto sacrificio empeña su obra y su memoria también. Fue en 1975, días después de la muerte de Franco, cuando el profesor Juan José Coy, a quien tanto debemos alumnos y no alumnos por acercarnos al verso machadiano (y al teatro de Tennesse Williams también) quien organizó en la Residencia Montellano de las jesuitinas un homenaje en torno al poeta universal. Participarían en él los profesores Gil Novales, Eugenio de Bustos, Aurora de Albornoz, el magnífico teólogo José María González Ruiz… y el escritor Andrés Sorel. Él fue el único que pudo abrir con su conferencia aquel homenaje tras la cual el gobernador civil prohibió su continuación. Sí, eran tiempos en que un gobernador estaba para prohibir la palabra, por ello, cuando recibimos con el paso del tiempo el peso de cuanto ha costado liberar el uso de la palabra precisamente podemos entrar en coma social al sopesar la cantidad de estupideces que hoy en día se muestran, a uno y a otro lado del espectador, por encima de la tolerancia.
Sin embargo, de aquel encuentro -que no pudo ser- sobre Machado quedó en salamanca el poso de un acontecimiento trascendental. Ya en plena transición aquellas conferencias censuradas se reflejaron en un libro que editó “Sígueme” y hoy pasa por ser un referente impecable en torno a la obra machadiana y su reflejo en la sociedad. Años después, gratamente, Juan José Coy publicó una esplendida “Biografía espiritual de Antonio Machado”, que junto a las de Ángel González, Tuñón de Lara, la misma “Guía popular” de Sorel o la de Aurora de Albornoz, cuando no las Obras Completas al cargo de Oreste Macro, nos proporcionan un espejo donde fraguar la poesía del hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”. De entre otras cosas aparecidas sobre él, José María González Ruiz escribió un hermoso libro en torno a “La teología de Antonio Machado”, indagando en el interior de la palabra poética y asomando una serie de claves que asustarían hoy al mismísimo Rouco temblando ante otro teólogo como José Antonio Pagola y su “Jesús. Una aproximación histórica”. De Machado y sobre ello mismo, Juan José Coy detalla: “Probablemente si a Machado hubiera que aplicarle alguna etiqueta –sin que se vea razón para hacerlo– ésta podía ser la de "cristiano" en el sentido de la igualdad fraternal de todos los hombres, en su traducción de terminología vagamente religiosa, de valores evangélicos, de común unión entre cuantos se asegura que somos hijos de un mismo Padre que está en los cielos”. Es verdad que durante largo tiempo creímos leer en Antonio Machado este mismo sentimiento, sólo que a escondidas. Pero no.
No debe ser así. La Conferencia Episcopal puede armar bulla con la pantalla de la “Educación para la ciudadanía” pero lo que no puede evitar es negar en la lectura de la obra machadiana una proyección cristiana, progresista y abierta sobre la propia dignidad humana. ¿Suena a teología de la liberación?. Habita en Machado.

lunes, 2 de marzo de 2009

Slumdog Millionaire



Supongo que dado los tiempos que corren al personal se le debió de quedar cara de Benjamín Button precisamente viendo pasar una tras otra estatuilla sin detenerse por delante de Brad Pitt preguntándose si una gran interpretación contrasta con el resultado de los “oscar” ante otras grandes interpretaciones, pero desconocidas por el mercado y duras y salvajes en la vida misma. Debo de confesar que “Slumdog millionaire” me ha causado lo que hacía el tiempo el cine no me decía. Ya saben, si no la han visto, la película gira en torno a un joven concursante de “¿Quieres ser millonario?” que antes de enfrentarse a la última de las preguntas es secuestrado y torturado por la policía india porque sospechan que este chaval repartidor de te, analfabeto y pobre, haya podido amañar las respuestas. Sin enfrentarnos al final de la película, que es lo de menos, lo que lleva a conmover el espíritu del espectador es precisamente la respuesta de Jamal a sus verdugos: las respuestas a las preguntas estaban en su vida, desde niño hasta ese mismo instante en que aún el concurso no ha acabado.
Pasa la película, por tanto, por la dureza de uno de los suburbios de Bombay, la indigencia infantil y la crueldad, la inmisericordia y el terror de asomarse pese a todo un día más a la vida desde la sonrisa de un niño -el fascinante actor que apareció tras el “oscar”,- que no cejará de buscar la complicidad del amor mismo. Esa mirada sobre India es tan real como la palabra que nos da la novela de Vikas Swarup y que ha servido para que Simon Beaufoy firme el guión oscarizado junto a la espléndida dirección de Danny Boyle. Sí, una película dura, como suele decirse, ruda y sincera hasta el tuétano también. Y, además, una gran película. Si me permiten y uno no olvida los días de festival hace años gracias a este periódico, guarda la película una escueta lección de cine: el desdoblamiento narrativo que posee es fascinante, apoyado en un meritorio y también premiado montaje pero debido indudablemente a la adaptación de un guión fuerte, reforzado en un ritmo intenso y una narración espléndida. No nos cuenta una historias en paralelo, lo que sucede se guarda en la memoria del personaje y en ese juego la película posee una magia de difícil baile entre los periodos de la narración: el antes y ahora con el instante inmediato. Eso es oficio de maestros cuando se cuenta algo y en la película, por ello, hay momentos encomiables de gran cine. ¿Contar historias? ¿Contar una historia?. He ahí el difícil reto por el que un día Manckiewitz nos hizo espectadores de “Eva al desnudo”. Pues bien, uno piensa que en “Slumdog Millionaire” hay momentos para percibir lo genial.
Pasa el cine por enseñarnos también mucho de la vida y hacernos críticos frente a todo, tal como duele esta historia cruda donde la ternura y la buena factura de la historia así contada nos conmueve.No es de extrañar que mientras Penélope dedicaba el suyo a Alcobendas el niño indio escrutase un sonrisa fascinante junto a los actores que habían hecho el papel de crueles, mientras le abrazaban y protegían ante el premio más grande del cine.


miércoles, 21 de enero de 2009

Eureka

Cuentan que Arquímedes, cansado de ver la cantidad de agua que perdía cada vez que se metía en la bañera consideró una vez el hecho positivamente y salió corriendo a la calle, desnudo y salpicando a los viandantes a quienes gritaba: “¡Eureka! ¡Eureka!.”. Aquello era parte de su principio y el fin también de algunos idiotas. En realidad el bueno de Arquímedes había encontrado algo y por ello tiró del palabro histórico que siglos después Edgar Allan Poe utilizara también para componer una compleja y magnífica reflexión en torno del universo, breviario del significado del cosmos y trasunto de Dios, que consideró lo mejor de su obra. Estaba alucinado, nadie creyó en él y pese a la impecable sagacidad e inteligencia de quien ahora se cumplen doscientos años de su nacimiento, murió solo, perdido y borracho al doblar una de las calles lumpen de Filadelfia. Pues bien, entre el hecho de Arquímedes, la referencia de Poe y la investidura de Obama el universo sigue estando ahí arriba, pese a los satélites del google heart donde uno puede ver el tejado hipotecado de su casa y el resto de hipotecas colindantes en la recesión que vivimos. Época de depresión ésta, sí, a expensas de no atisbar nada que indique que ni Solbes ni Zapatero ni el mismo Obama presuman de salir mañana, desnudos o vestiditos, qué más da, a la calle que ya es hora de gritar eso de “¡Eureka!” y confiar ilusión en la vida de las gentes. Se hace difícil, pero quizá sea el trabajo de ilusionista el único que ahora puede testimoniar algo de luz sobre la realidad palpitante. Puede que, en el fondo, los arquímedes de hoy los poe de mañana trabajen ya como arduos burócratas a las órdenes de los lobbies, los gestores empresariales, las caras ocultas del poder sobre el cual el engranaje político proclama su propaganda. Lo que sucede es que de aquellos originales que dieron con el principio y con la fe nos queda el legado para explicar el sentido que hoy adquieren las cosas en torno a la imbecilidad contagiosa, la avaricia desproporcionada, la codicia imperante, el rencor furibundo, la penosa tesis de la envidia y el espantoso concepto del odio como animador común de la feria de vanidades que nos rodea. Éste es el nuevo principio de Arquímedes, lo que desborda la bañera y se escapa al tirar de la cadena en la sede de las bolsas internacionales, los consejos de administración de los bancos, la guerra de la cajas, los acuerdos financieros, las transacciones y los intereses creados. Todo tiene un precio: la bolsa o la vida, como el juego infantil que seguía con el botón de la barriga. He aquí el espectáculo de Poe, adivinador de cierto terror que viaja más allá de la literatura pues todo parece depender del pozo y el péndulo por donde gravita la vida de los mortales. Dedicaba Poe su gran obra sobre el Universo : “a los pocos que me aman y a quienes yo amo, a los que sienten más que los que piensan, a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades”. Deseaba que su obra se juzgase como poema después de su muerte.
Es un gran refugio.

jueves, 15 de enero de 2009

Teoría del esperpento

Anda preocupada ella por no encontrar un jersey de cuello alto en Rebajas pues no los hay, -no busquen-, como si la lectura de “Gomorra” de Roberto Saviano le hubiera salpicado el secuestro de jerseis de cuello alto y los ladrones de guante blanco estuviesen detrás del asunto. Anda soliviantada con el tiempo, con los bajo cero, con el hielo y la pascua que hace la nieve cuando deja de ser un verso de Lalo Bartol en los dedos de la infancia y ahora es un problema. Anda rebotada con la derecha y la izquierda también de este país, común denominador una de la otra entre estupideces banales y ridículas, patéticas justificaciones, ninguna dimisión ¿y cuándo las hubo? ¿y cuándo las habrá?, como si el pasado hiciera valer el presente. ¿El futuro también?, lo que convierte a los políticos en botarates de la indecencia y en valedores de sus bolsillos, ruindades humanas e indecentes, y anda en fin la amiga con ganas, por tanto, de declararse en abstención permanente o transitoria como si el ejercicio de la política le hubiera otorgado cierta invalidez por falta de crítica frente a todo, de responsabilidad frente a los ciudadanos y de sensatez como honestidad. Se pregunta qué cara hay que tener para pedir explicaciones y para responde sobre el colapso de un aeropuerto cuando en este país hay más de tres millones de parados, o sea, más que toda la población de Castilla y León junta, que ya es decir por su hecho referencial. Imagina ella que nos pusiéramos a ver pasar las nubes toda la población de la comunidad autónoma frente a la tragedia de la vida y no saber cómo saldrá el sol al día siguiente. Anda queriendo cambiar de cadena en la tele, de dial en la radio, de página en el Quijote pero nadie le dice nada que tenga sentido propio ni sentido común. Así que se encuentra como decía Joyce, en la tesitura de creer que “ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema”. Algo así.
Anda pensando en cómo parar a Israel, aunque sea sólo como señal de protesta viva contra la barbarie, en conocer los gases que están experimentando los militares isralíes con la población palestina. Mientras, apura ella también una reflexión sobre el terrorismo machista contra la mal llamada violencia de género y al tiempo que vomita por el empacho de jueces y pilotos contra los mortales de aquí abajo, todo ella es en sí una muralla frente a todo. Pero esta mañana le ha entrado una carcajada y no ha parado hasta que esto escribo de reir y reir al enterarse que tanto el PSOE como el PP han puesto a trabajar uno a su “Laboratorio de ideas” y el otro a los pensionados de la FAES para acometer una definición sobre el estado de las cosas y sobre el mundo. Y en esas estamos mi psiquiatra y yo, riendo, socavando esa corte de los milagros sobre esta miseria política que nos rodea y entre la que cabe destacar también el olvido, desprecio incluso tortura moral que se ejerce en Salamanca contra espléndidos actores como Fernando Saldaña, Josetxu Morán o el poeta y escritor Raúl Vacas.
Vivimos sobre un esperpento, muñeca.

viernes, 9 de enero de 2009

Ya nos vale

Viendo la masacre de Israel sobre Gaza no sabe uno muy bien a qué atiende el concepto de la Alianza de las Civilizaciones, la inoperancia de la ONU y la hipocresía de la Unión Europea. No tenía mejor mensaje la precampaña electoral israelí que lanzar la invasión de Gaza a golpe de sangre y muerte como para recordar acaso otras invasiones terribles que dieron después con el genocidio judío mientras una Europa ardía en fascismos y otra se lavaba las manos hasta que les saltó en ellas la mina del drama. Sucedió una vez y tócala otra vez que ahora la lección de los judíos se la pasan en pasiva a los palestinos mientras en el resto del mundo rumia la provocación de los terroristas de Hamás. Al final, el terror se sale con la suya: se crea la naturaleza explosiva y se detalla la geografía donde hacerla estallar entre las víctimas habituales. Mientras tanto, es curioso observar cómo alguna canalla carga sobre el traje de chaqueta y pantalón que llevaba la ministra de Defensa en la recepción real de la Pascua militar. Sólo faltaba en este país que el detalle pasara desapercibido para el protocolo, que es ese otro concepto del cinismo hecho ciencia, materia de estudio en la carrera diplomática en lugar de otras asignaturas un poquito más preclaras para acudir con la palabra y no con el lanzallamas a la hora de resolver un asunto. ¿Surrealismo?
Confieso que estos primeros días de enero del año en curso tienen algo de rebaja en lo que se refiere al razonamiento simple. Vean por ejemplo al ministro de Trabajo. Guardo unas declaraciones suyas en torno al desastre que han supuesto las prejubilaciones, en la banca, en los teléfonos, en las fuerzas armadas (sí en la mili con galones también, sí), y... en RTVE. Pues bien, si resulta que entre todos pagamos el asunto de marras, ¿me quiere explicar el señor ministro de Trabajo cómo es posible que se siga aplicando el Expediente de Regulación de Empleo en RTVE y se mande al personal con cincuenta años a calentar pasillo, pero el de su casa?. ¿No es otro absurdo dentro de lo mismo?. ¿Quién paga?. ¿El ente? ¿El ínclito director de RNE zote y azote de “La noche menos pensada” y autor de madrugadas delirantes de bazofia como de las que uno tiene la obligación de pasar?. Ya dije que debe de ser cosa de estos fríos pero uno supone sospecha que todo está repartidito, como las transferencias autonómicas, como las autonomías también, repartiditas políticamente según ese concepto que se enmarca en los intereses de uno y otro signo. En este monopoly, por ejemplo, Castilla León tiene de Ruta de la Plata el sambenito pero no la seña de identidad, tiene vía de tren pero no se inquieten que ya la desmontan, para que no haga feo y es ahí por donde interesa que la finca quede bonita por aquello del Románico, la torcaz y el palo del 7 bajo par.¿Surrealista?.
Y hablando de pares, uno puede coger gratuitamente en las puertas del Clínico el “Diario Médico” y como cita del día leer ésta de Dalí: “La vida es aspirar, respirar y expirar”. ¡Leche! ¿En las puertas de un hospital?. Pleno surrealismo.

viernes, 2 de enero de 2009

Nochevieja



Ya en el pasillo, sintió que le crujían los huesos. Le había desvelado la próstata, lo que le obligaba a levantarse como si se tratara de un sms enviado en clave biológica. En tal estado, nunca podría encontrar un final para su novela, ni siquiera pensando en la amenaza de las dos semanas de plazo para entregarla. Se había empeñado en recordar los sueños uno a uno y creer que alguno de ellos le provocaría un argumento sin igual para el último capítulo. Por eso, últimamente solía dejar en el suelo, junto a la cabecera de la cama, un cuaderno y un lápiz de color, pensando que el alivio de la orina le ayudaría a escribir el desenlace soñado en una hoja de papel. Aquella noche creyó escribir tanto y tan deprisa que acabó rendido en la profundidad de otra somnolencia.

Regresó a Zamora con la esperanza de sacudirse algunos recuerdos que se fragmentaban en su memoria como el rompecabezas de un niño. Desde el autobús dibujó al otro lado de la plaza la memoria de un bazar en otro lejano lugar y de aquella mujer que no se arredró al ver destrozada la panificadora por un bombardeo. Desde el primer día que pasó frente a aquella ruina creció su interés observando el afán por evitar la cruda realidad. La veía junto a un niño que vestía una camiseta del Barça con un diez dibujado a la espalda, contrastando su apariencia como extrañísimo futbolista en una ciudad moribunda. Días después la descubrió atando las tuberías que quedaban desnudas, dándoles una sensación de órgano a la intemperie mientras las encajaba entre la metralla, lo que le daba una figura incierta de escultora en un museo de siniestros bajorrelieves. Fue entones cuando el capitán de Ingenieros ordenó detenerse un instante y las miradas de ambos coincidieron, la de ella y la suya, cruzándose sin conocerse, sin intuirse siquiera en aquella mañana, tan lejos, tan cerca aquella primavera de otras -pensó el capitán- mientras indicó al conductor del BMR que continuara camino. Hacía tres meses que se había desplegado sobre la pequeña ciudad encajada en un incipiente valle que disimulaba el carácter rocoso de la pequeña cordillera al este de Herzegovina con la misión de detectar y desactivar las minas que tras de sí había dejado el ejército serbio al retirarse de Sbrenika.

Mientras se veía frente al espejo salpicó su rostro de espuma y se fijó, solemne y malhumorado, en la cuchilla de afeitar. Fue entonces cuando recordó el cuaderno de notas. Corrió hacia el dormitorio, y allí estaba, en el suelo, entreabierta la libreta con un lápiz entre las hojas. Por un instante en muchos meses se sintió aliviado. Cayó de rodillas y temiendo que la espuma emborronara el papel se aferró a él como Long John Silver al tesoro que nunca disfrutó. Y leyó: “Al sentir su cuerpo en el suyo un latido se apoderó del rompecabezas extraviado en su infancia. Ella le dijo que cerrase los ojos. Su boca se había convertido en la cueva carnosa de una ballena. Sintió una profunda sensación de ternura mientras abriendo tímidamente los ojos observó que ella los tenía cerrados, como en trance, como si aquel descubrimiento maravilloso no fuera a acabar nunca. Bailaban. Era Nochevieja”.
Los otros



Ando estos días devorando otra vez la espléndida traducción del amigo Pollux Hernúñez -salmantino afincado desde tiempos de Plauto en Bruselas- que hizo en su día de “Oliver Twist” y una y otra vez el eco de Dickens se reproduce ante la vida como un espejo. Aunque se insinúe por parte de ellos que la cultura española ha exportado además del Instituto Cervantes el corte y confección de la picaresca económica allende los mares, mal que le pese a anglosajones, kuwaitíes y dubaitianos (si les extraña el gentilicio de esa finca artificial donde se juega el mundo no les asuste) nos queda aquí la ceniza de Dickens, las estaciones de autobuses y los cartones, los portales y San Martín compartiendo la capa con un mendigo mientras un adolescente se entretiene en quemar vivo a otro pobre que duerme donde puede y donde no le dejan. La España de “Plácido”, por otra parte queda aquí de nuevo, en la pantalla de la vida cotidiana y eso que si no fuera por el rastrillo aun la cosa iría a peor, quizás, pues en medio de tanto la solidaridad sigue siendo sinónimo de caridad bien entendida y no de justicia social. La crisis es como aquel concepto que el mismo Berlanga barruntaba sobre el erotismo como artículo para ricos mientras que la pornografía sería cosa de pobres. No es cuestión de proclamar el detalle de los nombres para situar los adjetivos. No parece correcto jugar con eso, con el lenguaje cuando haya quien cada vez lo pasa peor, más gente que lo pasa mal y el denominador de la pobreza bate registros de desigualdad. Por eso, encontrarse de nuevo con la lectura de Dickens nos lleva al paraninfo de los días y las noches, las madrugadas terroríficas de hielo y centella, y a quienes antes se les veía colgados resulta ahora que el mundo pende de una cuerda múltiple, y cualquiera puede caer de ella. Ni antes eran colgados ni ahora dejan de serlo; el lenguaje mata a veces por su propia desnudez.
Alrededor de este espacio resulta curioso el mensaje que el presidente de la Xunta de Galicia Toruriño le ha enviado al presidente Zapatero: “En Galicia hay dos lenguas”. O sea, claro. También. No en balde a una amiga profesora de Lengua de Signos le han preguntado –y que diga lo que cuesta, que no hay problema- si puede traducir la lengua universal de los sordos al gallego. No, no es coña. El asunto es que en estas cosas mandan quienes se olvidan que la cosa es seria y no coña, que el asunto de la enseñanza y de las posibilidades de acceder en el siglo veintiuno a la dignidad humana resulta con estos bártulos algo efímero. La bolsa de paro se augura mayor mientras la Bolsa en mayúscula hace negocio y no el suficiente como para que suba la minúscula y ello quiere decir que ante el hecho nos quedamos con los mensajes huérfanos de criterio. Corren tiempos malos.
Es como si se hiciera cierto aquel dicho de Montesquieu: “Para prosperar en este mundo hay que tener aire de tonto, pero sin serlo”. Vuelve uno al Dickens del amigo Pollux y ¡oh Dios! hete aquí la mezquindad y la avaricia fuera de la literatura, en la vida misma.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Candilejas: Ángel Campos Pámpano

Candilejas: Ángel Campos Pámpano

Ángel Campos Pámpano





La muerte –ayer mismo- del poeta y amigo Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Álcantara, 1957 – Badajoz, 2008) además de sentir el zarpazo nos ha devuelto el retorno por un instante a la Facultad de los tiempos de la transición. Se ha hablado y escrito del hecho político que la universidad transmitía en la calle pero no es menos cierto que quizás más implacable era la vida intelectual dentro y fuera de las aulas sobre cuyos pilares se basa la olvidada transición precisamente, el puente a la democracia y los valores humanos, la tolerancia y la diversidad de ideas y juicios, el valor de la palabra sobre la violencia y la manifestación estética de unas vanguardias literarias que ante todo eran creativas y sugerentes. En la Facultad de Filología de Salamanca se fraguaban en la última parte de los setenta, un Aula de Teatro como el Juan del Enzina por donde pasaba la vida cultural en todas sus manifestaciones e incluso encerronas. Y también se fraguaba desde el Palacio de Anaya la fundación de revistas, como “Zurguén”, dirigida por el también poeta José Diego (hoy profesor en Barcelona) y “El Callejón del gato”, al amparo de Ángel Campos Pámpano por donde andaba una suerte varia de poetas hoy espléndidos literatos, José Luis Matilla, Quías Blanco, -como no Tomás Sánchez Santiago-, la palabra también hermosa de Fernando R. de la Flor, la poesía sonora de Jaime Siles –hoy a afortunadamente de vuelta a Salamanca-, y la de otros inevitablemente desaparecidos como Claudio Rodríguez, Javier Ángel Marigómez o no digamos Aníbal Núñez. Por allí andaba también la juventud de Gonzalo Alonso-Bartol, Marochi Vicente, Miguel Figuerola y la sombra de quien siempre recibía, Gonzalo Torrente Ballester, años antes de que el autor del “Don Juan” metiera la gamba con lo del “botín de guerra”.
Ángel Campos Pámpano tenía su doble en los heterónimos de Fernando Pessoa: Alberto Caeiro, Álvaro Campos y el inolvidable Ricardo Reis cuyas odas fueron el motivo de su primera traducción. Se casó con Carmen a quien dedicó su propia Lisboa y fundó una gran revista literaria como “Espaço escrito” consiguiendo además el Premio Nacional de Traducción y ampliando su palabra a los libros de Eugenio de Andrade o de Sophia de Mello cuya traducción de “Nocturno” es una maravilla. No será posible que recoja otro premio en Extremadura, pese a que su palabra esté caliente aún ante su amigo y poeta Álvaro Valverde. Fue Pámpano también uno de los primeros en acercarse a un tal José Saramago, cuando nadie hablaba del autor de “Memorial del Convento”. Pero Pessoa siempre ha estado en el fondo como el denominador de estudiantes que fueron un día de portugués y hoy lo son de Filología comparada, como Concha Baéz, otra salmantina, en la Universidad de Vigo. “Lisboa, bajo el celaje tenue del otoño, es casi un cuadro cubista tendido en la ladera” había escrito Ángel de la ciudad blanca. Reverberando algunas otras cosas, hace quince años Ángel Campos Pámpano hizo que la Diputación de Salamanca realizara un homenaje a la obra de Aníbal Núñez teniendo como voz la presencia de José Ángel Valente y la complicidad de su viejo amigo Suso de “Hydria”
Fue valedor Ángel de una palabra que ocupa su sitio en la memoria.

jueves, 6 de noviembre de 2008


Todo es posible



Has tenido que cumplir cincuenta años para que veas a un negro en la Casablanca y sientas que al decirlo ni tú ni los que te lean o escuchen lo entienden como racismo, sino como todo lo contrario, porque la intención es la de la misma dignidad humana y la descripción de lo que dices evoca la memoria de Martin Luther King según la cual “todos los hombres deben de ser juzgados por sus capacidades y no por el color de su piel”.
Han pasado años e incluso muchas generaciones que dejaron todo en el camino –el mismo doctor King a quien leías antes de otras cosas- no han podido ver lo que tú ahora tienes ante ti, lo que se da en llamar un momento histórico. Si alguna vez ese dicho tiene razón de ser, circunscribiendo su significado al momento presente y no al pasado es ahora, cuando “todo es posible”. Esto sí forma parte de la historia, aunque sea en minúscula, porque afecta a millones de personas motivadas por los derechos civiles, necesitadas para ser tenidas en cuenta, golpeadas hasta la saciedad por injusticia y desamparo. No sabemos si en el fondo cambiará algo pero algo ya ha cambiado, aunque en la geografía profunda del sur que en las películas protagonizan un sheriff bruto, cuatro holgazanes y un hatajo de cobardes salpicados de odio y mentiras y en cuyas carreteras daría miedo que se te acabase la gasolina haya votado el mismo racismo que les porfía. Son como cadáveres vivientes ante la herencia de Bush, es la gran infamia libre de sospecha sobre lo que él mismo emprendió: una guerra sin cuartel, bestial y profunda sin venir a cuento, cuya resaca sufrimos ahora en todo cuanto nos rodea, aquí y allá, dentro y fuera de donde se toman las decisiones y se juega con el mundo como Chaplin lo hizo con un globo para desmontar con ironía la crueldad de un sanguinario. Entonces, ¿Cómo no todo va a ser posible?. Incluso las palabras hermosas de McCain en la derrota ante Obama han tenido lugar. Con algo que nos quede, es suficiente, con la ilusión de Obama y la solidaria manifestación de júbilo por algo que quizás no tarde en cambiar aunque no llegue a cambiar del todo pero en el reto para intentarlo queda la misma capacidad por ilusionarse ante la crisis y sentir lo que trasciende como en el resto del mundo, país por país, lugar por lugar, rincón por rincón. Ese es al menos el común denominador que uno ha encontrado a través de internet conjugando un verbo con esperanza. Por tanto, que falta hacía -pero a ver quien le pone el cascabel al gato- que todos los medios de comunicación españoles nos advirtieran que no estamos en crisis y desembarcaran en la jornada electoral USA como si se tratara de un mundialito o de otro descubrimiento de la América de Colón en el postre. Ha debido de haber más periodistas españoles que senadores proclamados, y ello quiere decir que una de dos: o estamos locos o esto es jauja. ¿A quién le explica hoy la prensa para qué sirven las nuevas tecnologías sino para procurar la inmediatez informativa?.
Por eso, todo es posible.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El periodismo y la parábola (En torno a la obra de Eduardo Galeano)

En diciembre de 1997, con motivo de un especial que TRIBUNA de Salamanca preparaba en torno al profesor de esta Universidad Julio Vélez, -a quien tanto le hubiera apasionado este Congreso- tuve la satisfacción de recibir una colaboración a tal fin del escritor Eduardo Galeano. Lo titulaba “Para la Cátedra de Antropología” y se hacía eco en unas líneas que leeré –por tanta memoria añadida– más tarde, del sentido que ha impregnado toda su obra: la consistencia entre la literatura y la dignidad humana. Se ha escrito que la obra de Eduardo Galeano se propone “violar alegremente las fronteras de los géneros literarios y asomarse al universo desde el ojo de una cerradura para revelar la grandeza de lo que parece insignificante y denunciar la mezquindad de lo que parece grande”[1]. No está lejos esta definición del contenido de su equipaje pero el escritor del que hablamos tiene, además, una huella insoslayable con el periodismo y esa es a la que humildemente quisiera referirme.

Asistimos a la desaparición de un siglo que vertebra en otro la llamada “teoría de la globalización” y la denuncia de los derechos humanos es noticia si se constata su peso específico en la muy actual crónica de sucesos; así el país más desarrollado del mundo aspira a tener un presidente sentado sobre el furor que le produce la pena de muerte, así el escritor se pregunta: “¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia a quienes son incapaces de aprenderla?”
[2]. Es la reflexión de quien, en un hermosisimo libro, nos ha legado un ensayo sobre la escuela del mundo al revés.

En Eduardo Galeano se concita no ya el periodista que irrumpe en la redacción y se salta el tráfico de lo “políticamente correcto” sino quien aborda desde la pirámide del convencimiento el compromiso de una actitud vital, en un tiempo en que el periodismo es considerado género literario como De Quincey consideraba el asesinato como una de las bellas artes. Si no es así, es denuncia o es crónica y la sociedad lo premiará con el Pulitzer. Por ello, en un tiempo en que la gestión de los géneros está limitada por la estética y sembrada por los mecanismos percutores de una clasificación endogámica, sorprende que este escritor, desde el periodismo, haya asumido la tarea de investigar desde la médula del origen las voces que aún no hallan respuesta ante la barbarie histórica y lo haga precisamente desde el lugar donde otros escritores perdieron, acaso por su complicidad, la razón de su credibilidad.

Solo así podría entenderse que en un siglo donde han proliferado las autobiografías, biografías y autohagiografías, nos encontremos con una trilogía como Memoria del fuego donde el valor de las fuentes es la voz de lo que era perdido y la palabra del escritor el empeño de su naturaleza: la comunicación. Estamos ante una obra donde el periodista emplea el sentido más inmenso de la palabra documentación, la sincronía y diacronía como oficio, la historia y la crónica como material de trabajo y la palabra de inmensa claridad como factor impermeable entre el escritor y la sociedad a la que se debe. Así la obra de Eduardo Galeano nos acerca, con la fecha de la historicidad al viaje más intenso que es aproximarse a la verdad. ¿Qué otra memoria se nos desvela en Memoria del fuego sino la de la historia de la humanidad comprimida en el disco duro de la ignominia?

Ya en “Los nacimientos”, el primer volumen de esta trilogía, se nos descubre la primera palabra venida de América y que hace relación a la vecindad de esta Universidad por su propio protagonista. Así relata Galeano el hecho que titula, precisamente “1495. Salamanca”


Elio Antonio de Nebrija, sabio en lenguas, publica su “Vocabulario español-latino”. El diccionario incluye el primer americanismo de la lengua castellana:
Canoa: Nave de un madero.
La nueva palabra viene desde las Antillas.
Esas barcas sin vela, nacidas de un tronco de ceiba, dieron la bienvenida a Cristóbal Colón. En canoas llegaron desde las islas, remando, los hombres de largo pelo negro y cuerpos labrados de signos bermejos. Se acercaron a las carabelas, ofrecieron agua dulce y cambiaron oro por sonajas de ésas que en Castilla valen un maravedí”
[3].


La fuente es parte de la historia y la historia se deja sentir en la actitud del escritor. Del segundo viaje nos llega el eco de la experiencia de Miquele de Cuneo:


“Desde el castillo de popa de una las carabelas, Colón contempla las blancas playas donde ha plantado, una vez más, la cruz y la horca”
[4].


Una de las cosas más sorprendentes de Memoria del fuego es el experimento de su configuración. La historia tratada como materia en el laboratorio de la constatación de los hechos. La narrativa actual está acostumbrada –salvo muy raras excepciones– a servirse de una documentación elaborada hacia la construcción de un personaje, bien para inmortalizarlo unas veces, mal para inmortalizarlo casi siempre. El caso de Eduardo Galeano ante el uso de las fuentes consultadas, es digno de estudiarse como aspecto sustancial de una obra delicadísima en el conocimiento de las huellas. Huellas que por otra parte configuran no sólo el aspecto de un suceso sino la correspondencia universal de ese testimonio. “Ojalá –escribe Galeano– Memoria del fuego pueda ayudar a devolver a la historia el aliento, la libertad y la palabra. Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable: quisiera conversar con ella, compartirle los secretos, preguntarle de qué diversos barros fue nacida, de qué actos de amor y violaciones viene”.
[5]

No existe un solo aspecto temático, un solo monólogo, existe lo que el escritor descubre desde su propia conciencia, lo que gravita en la función del periodista como la voz del diccionario: “Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. Es curioso observar cómo las lenguas se ocupan de esa transmisión entre corazón y memoria. Tal como en inglés by heart o en francés à coeur , son verbos que necesitan como recordar la función de los sentimientos, para que el escritor explore, desde su propio significado, el trasunto de la lengua, denunciando del olvido la ausencia de memoria. La utopía sería un argumento si el mundo fuera al revés, tal como Eduardo Galeano concibió el libro Patas arriba. En él, la realidad no se escapa de los hechos cotidianos y son estos precisamente los que sirven en bandeja la actualidad de las aberraciones humanas:


“El machismo y el racismo beben en las mismas fuentes y escupen palabras parecidas. Según Eugenio Raúl Zafarroni, el texto fundador del derecho penal es El martillo de las brujas, un manual de La Inquisición escrito contra la mitad de la humanidad y publicado en 1546”.
[6]


¿A quién importara tal detalle?. Pues bien, no sorprende que en el ensayo Galeano nos acerque a la primera fuente que el autor encuentra sobre “racismo y machismo” en el peculiar Libro del Eclesiastés:


“Vale más la maldad de hombre que bondad de mujer”
[7]


Si la documentación es una fuente de primera magnitud para el escritor que nos ocupa, es el sentido universalizador, la capacidad de hacer del hecho un referente es lo que en la obra de Eduardo Galeano acontece con el sentido de parábola en su acepción geométrica y me refiero a esa otra geometría que se ocupa no de la ciencia sino que se desprende de la geografía humana, la historia de las civilizaciones. El dato inicial se convierte después en la exploración intuitiva que recorre una lapicera vertiginosa mientras la palabra toma el eco de una pregunta inquietante que perturba el orden establecido.

Así es El libro de los abrazos: la celebración de la voz humana:
“Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea”
[8].


El compromiso del escritor encuentra una actitud sublime con el Siglo del viento que le ha tocado vivir. La historia de la depravación más absoluta que llega hasta nuestros días es la denuncia del terror sistemático que Eduardo Galeano no ha dejado de denunciar en toda su obra. La fórmula está –como el mismo dice– fuera de todos los géneros: “No creo en las fronteras que, según los aduaneros de la literatura, separa a los géneros”
[9]. En los primeros meses del año 2000 el juez español Baltasar Garzón admitía a trámite la apertura del proceso contra los generales argentinos corresponsables de la época de terror. Pues bien, sirva el documento de la carta del banquero Rockefeller felicitando al dictador Videla que Galeano rescata para la memoria de la humanidad para cerciorarnos dónde se encuentra el papel del escritor en su tiempo:


“Le agradezco –dice el magnate– que se haya hecho tiempo para recibirme durante mi reciente visita a la Argentina. No habiendo estado allí durante siete años, fue alentador ver cuántos progresos ha hecho su gobierno durante los últimos tres años, en el control del terrorismo y en el fortalecimiento de la economía. Lo felicito por lo que ha logrado y le deseo todos los éxitos para el futuro”
[10].


El capítulo al que se refiere lleva como único documento la emotiva y espantosa misiva. La fuente del escritor es la Revista “El periodista” núm. 71, Buenos Aires, 17 al 23 de enero de 1986. Si lo hago constar es porque el autor utilizó 475 fuentes diferentes para escribir el último volumen que da consistencia de obra magnífica a la trilogía Memoria del fuego.

Galeano quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba bien, y hasta muy bien al parecer, mientras dormía. La ironía se traslada, como en el cuento de Benedetti al lenguaje de la bola y el arquero. Aún así, la obra de Eduardo Galeano se nos antoja como la parábola –otra vez la palabra comparece para explicar el sentido geométrico de los sentimientos– en torno a la pasión devoradora, el sueño de los imposibles y el negocio actual por donde la corrupción puede pasar por encima y el mundo sigue andando. Reparo en el libro como objeto de deseo y también como parte sustancial del equipaje literario del autor que nos conmueve:

“En el fútbol profesional, como en todo lo demás, no importa el delito si la coartada es buena, Cultura significa cultivo. ¿Qué cultiva en nosotros la cultura del poder? ¿Cuáles pueden ser las tristes cosechas de un poder que otorga impunidad a los crímenes de los militares y los saqueos de los políticos, y los convierte en hazañas?. –Continúa Galeano– El escritor Albert Camus, que había sido arquero en Argelia, no se refería al fútbol profesional cuando decía: Todo lo que sé de moral se lo debo al fútbol”
[11].

Días atrás, el periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen escribía en una de sus columnas habituales los siguiente:

“La historia es un género de ficción que comienza a novelarse desde que ocurre el suceso, y a recibir versiones y censuras desde los minutos siguientes”.
[12] No es casualidad que estas cosas se digan a veces desde los periódicos cuando los historiadores están demasiado ocupados en hacer transcender a los poderosos, los políticos a ellos mismos y la gente común somos el número que contribuye a salpicar la estadística de ciencia más o menos exacta pero efímera. El papel sin género de la obra de Eduardo Galeano se aproxima a esta visión parabólica según la cual el efecto de la historia se aproxima desde la conciencia de los pueblos. Ya en los orígenes primarios, ya en el llamado siglo del viento, la catársis es la misma. Si en la Inquisición se torturaba, los capitanes argentinos, uruguayos, guatemaltecos, chilenos, bolivianos han recogido el testigo de la barbarie y esa es la causa a cuyo compromiso la obra de un escritor adquiere la legitima razón de su dignidad.

Y concluyamos.

Todos los mensajes de Eduardo Galeano los firma la cabeza de un cerdito animado que en su boca lleva una flor. Así, Para la Cátedra de Antropología, nos llegó:

A través de los campos y los tiempos, marchaba el tren desde Sevilla hacia Morón de la Frontera. Y a través de la ventana, el poeta Julio Vélez contemplaba, con ojos cansados las arboledas y las casas que huían en ráfagas, verderías y blancuras tantas veces vistas.
Sentado frente a Julio, iba un turista. El turista quería practicar su dificultoso español, pero Julio andaba quién sabe por dónde, buscando alguna certeza que se le había ido, alguna palabra o mujer que se le había perdido.

-¿Usted es andaluz? - preguntó el turista.
Julio, ausente, asintió.
Y el turista, intrigado, insistió:
-Pero si es andaluz, ¿por qué está triste?.


La parábola de Eduardo Galeano se había encontrado con la vida cotidiana. Entre la ficción y la realidad, fuera de las aduanas de los géneros queda la obra de quien fuera redactor jefe del semanario “Marcha”, director del diario montevideano “Época” y fundador de la bonaerense “Crisis”. Acaso la parábola del periodismo buscaba en su mesa de trabajo la geometría, el centro donde concitan la conciencia y la dignidad de la palabra.




[1]Amares. Eduardo Galeano. Alianza Editorial. Madrid, 1993
[2]Patas arriba. La Escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano. pp., 216. Segunda Edición, Madrid, 1998.
Memoria del fuego. “1 Los Nacimientos”. Eduardo Galeano. Novena edición, 1985. Siglo XXI Editores, Madrid.
[4]Memoria. pp. 58
[5]Memoria, pp. XV.
[6]Patas., [pp.70].
[7]Patas., [pp.72]
[8] El Libro de los abrazos. Eduardo Galeano. pp. 11. Séptima edición. Siglo XXI.España. [De ahora en adelante será citado como ABRAZOS].
[9]Memoria. pp XV.
[10] Memoria. pp 298.
[11]El fútbol. Sol y sombra. . Eduardo Galeano. Primera edición, Agosto 1995. Siglo XXI Editores, Madrid.
[12] “El País”. VISTO Y OÍDO. Eduardo Haro Tecglen. Sábado 24 de junio de 2000. Pág. 85.

jueves, 11 de septiembre de 2008

EL PODER JUDICIAL

Quizás el mejor de los métodos para despolitizar la Justicia sea precisamente el declarar como político de pleno derecho la génesis del Consejo General del Poder Judicial, el órgano que tiene en sus manos la posibilidad de armonizar lo vetusto con las necesidades actuales sin perder el rumbo en la impartición del Derecho. Algo difícil. Y a las pruebas nunca peor puede remitirse uno al conocer la multa que el actual CPJ ha impuesto al juez que permitió que un convicto en libertad asesinase a una niña, sin enterarse de la reclamación que pesaba de él por delitos impunes.
El hecho de que ahora los jueces hayan sido nombrados por los partidos políticos, seleccionados como jugadores de un equipo que ha de conferir justicia y no imagen, (o puede que sí, o puede que todo a la vez, según sea la imagen que de la Justicia se dé o se quiera dar o se imponga o se vote más allá de la mitad más uno o decida el voto de calidad del Presidente del mismo consejo, en fin, todo se andará y cierro paréntesis) y el hecho de que los jueces aparezcan ante la opinión pública queriendo ser independientes pero sin serlo, que es como ser otra cosa sin pretenderlo pero llevando un adjetivo encima y una cadena debajo, no parece, pese a todo que sea buen síntoma para pensar en un futuro próspero a, ante, bajo la lectura de la Ley y su interpretación. Podrá decirse, sin embargo algo sutil. ¿Y cuándo los jueces han sido independientes? ¿Y por qué habrían de serlo? ¿No tienen voz si dejan de serlo o aparentan que lo han dejado o lo dejan de ser para regresar al mismo sitio después?. ¿Y no tienen voto? ¿Y no llevan crítica sus apreciaciones, gusto, incomodidad, santo y seña por éste o por aquel? ¿Y, en definitiva, no parten del mismo Estado y su conocimiento en un poder como el Judicial cuya base se sustenta además en la Ley que regula el Legislativo, o sea el mismo que ahora los ha elegido según el acuerdo al que después de años han llegado los equipos contendientes?. ¿Pues entonces?. Lo extraño es que extrañe. Y no. No debe de ser así, como por otra parte ni sus señorías jueces ni sus señorías parlamentarias debieran de tratar de confundir al personal con fórmula química según la cual toda ideología se disuelve cuando la imagen comporta una base que procura una nueva sustancia. No. Hasta ahí, no. Los experimentos, con gaseosa.
Una vez en el Maestro Ávila, el genial Marcelino pasó por el laboratorio queriendo hacer gominolas y el olor a pis quedó impregnado en la campana del patio. Ahora bien, si todo esto es así, ¿Por qué de una vez por todas los ciudadanos de este país no acabamos por elegir directamente a los jueces si en el fondo lo que se ha hecho es camuflar un detalle electoral?.
(EL ADELANTO. 12 DE SEPTIEMBRE DE 2008. Pág.2)

sábado, 6 de septiembre de 2008

Manolo HH y otras cosas

LA COLUMNA DESNUDA


Vamos mal


Aníbal Lozano
A los destructores de la radiotelevisión pública no les ha entrado más furor en tiempos de crisis que A) aplicar un Expediente de Regulación de Empleo que en muchos casos es un puro camuflaje para cargarse cualquier atisbo de quien procure una crítica, una idea para compartir o una consecuencia del conocimiento y B) derrochar un presupuesto desconocido para cambiar la imagen corporativa del medio y así justificar que el cretinismo tiene consistencia en este país. Lo de RTVE es siniestro, pero el adjetivo caracteriza a sus responsables, nombrados - por cierto- para el cargo según el arte de convertir en tecnócratas supuestamente progresistas a verdugos de la razón. No es la primera vez que tras una primera legislatura al PSOE le remueven en la siguiente los intestinos algunos fulanos que de pronto aparecen tras la mampara de lo desconocido y adquieren el master en gestión devastadora del pensamiento. No es la primera, ya digo, por lo vivido y contado de otros tecnócratas que al amparo de algún valedor de la organización del partido se hacen con el poder de ostentar los medios públicos y convertirlos en el modelo a seguir de la vulgaridad y la bazofia según el reconocido título que este país viene en otorgar a la telebasura.
La pasada semana, coincidiendo con el final de agosto, se despedía por orden de la superioridad de Radio Nacional “La noche menos pensada”, el programa de Manolo H.H. a quienes los madrugadores y veladores del insomnio apreciábamos y entendíamos por lo abierto, instructivo, relajante, ameno, discursivo, crítico y elegante que durante años y todos los días diferente, procuraba a los ciudadanos un mensaje cultural. Meses antes, los depredadores del mismo ente público se cargaban de un plumazo “El club de la vida”, el programa de Loles Díaz Acedo que cumplía sábados y domingos con un servicio de información, divulgación y entretenimiento esencial para los mayores –y para otros que éramos tantos- sin que nada ni nadie tome el testigo de cuanto representaba indudablemente también como servicio público. La razón esgrimida ha sido la misma, justificar el famoso ERE en el que uno no sabe si los sindicatos han elevado su cinismo a la enésima potencia o les han vendado los ojos con miel y mermelada. Lo que sí parece claro es que si esto es así, no sé que hace el señor Corbacho como ministro de Trabajo cuando declara tajante que uno de los grandes errores de nuestro días en crisis pasa por haber permitido el asunto de las prejubilaciones (¿), entonces, ¿a qué viene tanto cuento raro en RTVE para dejar en casa a quienes cumplen los cincuenta sino es solapar la caza de brujas, aniquilar el espíritu crítico de profesionales y dotarla de una nueva imagen bajo un gasto espantoso y una denominación ineficaz, raquítica, falsa, nula, ínfima e infame?.
Buen detalle: en tiempos de crisis surgen vampiros. E hipócritas.
EL ADELANTO. Salamanca. 5 de septiembre de 2008. Página 2.

jueves, 24 de enero de 2008

In memoriam: Riszard Kapuscinski (*)


Se cumple un año de la desaparición de Riszard Kapuscinski, el periodista polaco que enraizaba la conciencia de la vida en la literatura y el periodismo con el compromiso de su razón de ser. No es fácil atisbar desde la misma ventana la realidad que se nos procura ante nuestros ojos, la de aquí, la de esta mujer incendiada en plena juventud por la ira y el terror en Alcalá de Henares, lo que la convierte en la ¿última? víctima de esa barbarie que nos asola y que nos acostumbra al eufemismo del terrorismo doméstico y la otra violencia de más allá, la de Gaza y los errabundos en tránsito hacia la nada, como pensó Faulkner de otros miserables. O sea que la mirada es difícil y a lo que nos acostumbra se diluye entre el vacío de unas políticas cuyo referente de cara a la realidad de los hechos las hace vacías, incongruentes, insensibles y cínicas. La mirada entonces de un periodista como Kapuscinski nos enseña a penetrar en el hecho mismo, sin quedarse uno fijo y estático en la mera observación. De toda su inmensa obra, especialmente anotaría que leyesen –si no lo han hecho- una crónica como Ébano , nombre que de por sí abre las puertas de África en el corazón humano. No es una novela, no es un libro de viajes, es la presencia de la palabra entre latidos que uno va sintiendo como propios y los hace necesariamente cercanos.
África no es sólo –es verdad- la historia de las guerras, las revoluciones falseadas, los golpes de Estado por concurso de colonialismos europeos, sino la intrahistoria de los rostros y las gentes que luchan por sobrevivir día a día, sabiendo que si otro día llega eso será algo tan diferente como extraordinario. No, no está lejos de nosotros África. Nunca lo estuvo y menos ahora. Por tanto, la mirada de este hombre sobre la realidad cotidiana es la que nos asola comúnmente alrededor de los días y de nuestra memoria. He ahí los Viajes con Heródoto, que trasciende sobre la lectura épica siglos después para armonizar el sentido que adquieren los tiempos como iguales y no como espacios tan diferentes; eso es algo que nos convierte en cómplices y no en autómatas de lo que vivimos.
Es esa una complicidad para la razón y para creer que, por ejemplo, el llamado terrorismo doméstico, la cruel y despiadada violencia machista late hoy en nuestra vida con una ley que fracasa, por cuanto no se aplica. Kapuscinski lo enseña.
(* PUBLICADO EN "EL ADELANTO". 25 DE FEBRERO DE 2008)